ADVERTENCIA PRELIMINAR
Peregrino cuanto importante hallazgo para completar el romancero peninsular es el de los cantos que tradicionalmente se conservan entre los numerosos hebreos de origen español que hablan y escriben nuestra lengua en Turquía, en Marruecos, en Argelia, en Túnez, en la Bulgaria Rumelia, etc. No se ha hecho cabal estadística de este contingente nada despreciable de nuestro dominio filológico, pero sabemos que en Salónica asciende el número de estos judíos españoles a sesenta mil (es decir, a la mitad de la población), divididos en treinta sinagogas, tantas como mezquitas; que en Constantinopla hay cincuenta mil, y quince mil en Andrinópolis. Estos hispano-judíos tienen una literatura bastante copiosa, profana y sagrada; tienen, no sólo libros de devoción e historias, sino cuentos y novelas; conservan romances viejos, en formas a veces más arcaicas que las que han podido recogerse de la tradición oral de la Península, y han publicado hasta la hora presente más de treinta periódicos en lengua castellana, pero con caracteres hebreos, a excepción de uno solo, El Luzero de la Paciencia, que apareció en Rumania desde 1885 a 1889 en caracteres latinos.
El castellano actual de las sinagogas de Levante es sumamente impuro y lleno de solecismos, como no podía menos de suceder dados los heterogéneos e irreductibles elementos con quien ha estado en contacto (turco, árabe, persa, griego moderno, lenguas eslavas, etc.), amén de los italianismos y galicismos que andan [p. 390] revueltos en la lengua franca del Mediterráneo: a todo lo cual hay que añadir la completa incomunicación literaria en que esta población ha vivido y vive respecto de España. Las diferencias, sin embargo, entre el castellano de Oriente y el de España, en lo que toca a la pronunciación, acaso no sean tan profundas como pudiera creerse en vista de la transcripción fonética que usan. Como difieren tanto los dos alfabetos, ha sido necesario añadir al hebreo, para transcribir el nuestro, cinco caracteres nuevos; y por el contrario, cinco letras hebreas han quedado sin uso, por no tener correspondencia en los sonidos castellanos.
La tradición popular conservada por los judíos tiene excepcional valor, puesto que, exceptuando muy pocos romances modernos tomados del Antiguo Testamento o de ritos y ceremonias de su ley, que fácilmente se distinguen de los demás, los restantes, es decir, los novelescos y profanos, puede creerse, si se atiende sólo al núcleo poético, que se remontan a la grande emigración de 1492, siendo prueba de antigüedad para cualquier tema su existencia actual entre los judíos. Pero esto ha de entenderse con ciertas salvedades. Los romances actuales están corrompidísimos, abundan en voces exóticas, en contradicciones e incongruencias, y suelen ser centones, a veces sin sentido común, de fragmentos muy diversos. Es evidente que el pueblo que los canta ha perdido la clave de estos romances, aunque los repita por el prestigio de la música, y los venere como reliquia de sus mayores. Aparece, pues, la poesía judaico- hispana en un estado informe, degradado y bárbaro, pero que por lo mismo nos guarda grandes sor presas.
Ha de tenerse en cuenta, además, que durante los siglos XVI y XVII fué continua, aunque parezca de poco momento, la emigración de judíos peninsulares (principalmente portugueses) que huyendo de los rigores de la Inquisición buscaron asilo en Holanda, Alemania, Francia e Inglaterra, y algunos también en las comunidades de Levante. Estos nuevos desterrados, entre los cuales no faltaban cultivadores de la poesía artística, pudieron renovar también el fondo de la poesía tradicional, importando nuevos romances o componiéndolos ellos mismos. Pero tal influjo debió de alcanzar en muy pequeña escala a las sinagogas de Turquía, muy remotas y aisladas, perdidas entre bárbaros, y pobladas a la [p. 391] sazón de gente pobre, inculta y abatida, que en nada semejaba a los opulentos y refinados mercaderes hebreos de Venecia y Amsterdam.
Por otra parte, la simple lectura de estos romances basta para probar que son de los más viejos, aunque sean también de los más alterados. He reunido en esta coleccioncita todos los que me parecen de carácter primitivo, y doy también algún otro más moderno, como muestra de la poesía, ya religiosa, ya profana, que actualmente cultivan los hebreos oriundos de España.
Hay entre estos romances algunos inéditos, y no son por cierto los menos curiosos. Me los envió desde Constantinopla en 1885 mi difunto amigo el malogrado e ingeniosísimo escritor D. Carlos Coello y Pacheco, que los había recibido de Salónica. Pertenecen a este grupo los diez primeros romances de nuestra colección: Tarquinos y Lucreza, Gian Lorenzo y el rey de Portugal, El Conde Alimán con la hija de la reina, El Conde Amadí, El hijo del rey en Ferismena, Andarleto, La esposa de Don Gaiferos, El Conde Velo y el Gran Duque, Parisi y las tres hermanas, Miraibella.
Por lo que mis noticias alcanzan, creo poder asegurar que fué Carlos Coello el primer colector de romances judíos, y en general, sus textos me parecen mejores que los que luego ha publicado Mr. Danon, aunque la colección de éste sea mucho más copiosa.
Para hacer fácil la lectura de estos diez romances hemos modificado la ortografía especial de la copia que los contiene. Ésta usa casi siempre ch en lugar de nuestra qu, que rara vez aparece; escribe siempre cía, cio, ci, ce, por nuestro cha, cho, chi, che; emplea ni por nuestra ñ y li por nuestra ll (alguna vez por y: lio, lia, tulio); escribe scia, scio y rara vez sho donde hemos puesto xa xo; en las terminaciones verbales arcaicas -ades, -edes pone -ash, -esh, que hemos transcrito por -ais, -eis. La h, que no escribe más que en hombre, y la b, v, y, las escribimos según la ortografía académica.
En el Boletín de la Real Academia de la Historia (tomo XVI.—Junio de 1890) publicó nuestro docto compañero y amigo D. Antonio Sánchez Moguel, el romance Yo me estando en la mi pesca, acompañado de un interesante comentario filológico. Da la noticia de que Mr. Ha Lévy, sabio israelita, profesor de la École des [p. 392] Hautes Études de Paris, que le facilitó copia de dicho romance y de otro de carácter lírico, había reunido en un volumen algunos cantos populares de sus hermanos israelitas.
No parece que esta colección se haya publicado hasta ahora, pero otra muy importante ha visto la luz pública en la Revue des études juives, de París, (1896). Consta de 45 romances (así los llama el colector, aunque no todos lo son en rigor estricto), acompañados de traducción francesa, introducción y notas, debido todo a la erudición y diligencia de Mr. Abraham Danon, residente en Andrinópolis.
La mayor parte de estos romances proceden de la tradición oral recogida así en aquella ciudad como en Salónica, en Constantinopla, en Bulgaria y en otras partes, donde todavía se cantan estos romances conservados como reliquias de generación en generación. Otros fragmentos se han trasmitido por el camino más inesperado, es decir, por el de la literatura litúrgica. Mr. Danon hace constar que estos romances de origen profano han ejercido notable influjo en los poetas hebreos de decadencia, hasta el punto de excitar los recelos de los rabinos más ortodoxos. Así Menahem Lonsano reprueba las poesías religiosas que comienzan con palabras imitadas del castellano; por ejemplo, un canto compuesto sobre el aire de estos versos
«Muérome, mi
alma—ay, muérome»,
«cuyo autor ignoraba que este procedimiento es abominable, porque despierta en el que canta estos versos recuerdos lujuriosos».
A pesar de este anatema, el célebre poeta neo-hebraico Israel Nagara, que florecía a principios del siglo XVII, no tuvo escrúpulo en adaptar a sus himnos religiosos los aires de canciones griegas, turcas, árabes y españolas, y hasta de imitar sus palabras mediante el procedimiento de la aliteración. Como al frente de estas composiciones suele indicarse la melodía de ellas, conocemos así los principios de varios romances cuyo texto no se conserva.
«Para completar la lista de los restos del Romancero español (dice Mr. Danon) me he servido igualmente de las colecciones de letanías rimadas que existen entre nosotros bajo el título de [p. 393] Juncos, inéditos todavía, y que sirven de tiempo inmemorial para que los asistentes de nuestros ministros oficiantes se ejerciten todos los sábados por la mañana, en la sinagoga portuguesa, la más importante de Andrinópolis, en cantar versos, a título de ejercicio musical, conforme a las modulaciones árabes llamadas makamat (sesiones). Para este uso se emplean principalmente los poemas de Nagara, con adición de otros cantos posteriores.»
De uno de estos manuscritos, copiado ya en 1641, y el más antiguo de los que hasta ahora se conocen, ha entresacado el señor Danon muchos principios de romances, y con ocasión de ellos exclama:
«Cuando se ve a nuestros poetas hebreos de la última época volver a estas fuentes vivas de la antigua melodía, no puede sorprendernos el irresistible atractivo que el falso Mesías Sabbatai Cevi ejercía sobre sus fieles, cantando con alusiones místicas el romance de Melisenda, la hija del Emperador.»
Advierte, finalmente, el discreto colector, que muchos de estos poemas se hallan truncados; que a veces hay solución de continuidad en las partes que restan; que otras veces las estrofas están confundidas y revueltas de un modo inextricable, y que con frecuencia las ancianas que son las que principalmente conservan y repiten estos cantos, por olvido de alguna palabra o de algún verso sustituyen otro de su propia composición. Hay también reminiscencias y transposiciones de frases de un romance a otro.
«Aparte de estas modificaciones, nuestros romances han recibido del medio ambiente muchas palabras turcas, árabes, persas, griegas y hebreas. Contienen también muchos idiotismos propios de nuestra jerigonza (el ladino Iudesmo o lengua sefardí), que a pesar de su forma castellana, no se encuentran en los diccionarios, o se encuentran con una acepción diferente. Este cambio de formas y palabras anticuadas por otras equivalentes estaba en la naturaleza de las cosas. Conforme se alejaban del tiempo del éxodo español, nuestros abuelos, no pudiendo apreciar ya todos los matices, todas las delicadezas de la lengua castellana, encontraron natural emplear otras palabras que ellos comprendían. Además, han introducido en algunos romances ideas religiosas, que parecen en ellos enteramente inoportunas. Por otro lado, es fácil [p. 394] encontrar en estos romances expresiones y giros arcaicos, y que han persistido igualmente en las versiones clásicas de la Biblia que todavía se usan en nuestras escuelas.»
En la transcripción de estos romances, el Sr. Danon ha adoptado los caracteres latinos, respetando en todo lo posible la pronunciación local, sin olvidar la clásica. A su texto va ajustado el mío, salvo alguna ligerísima corrección.
[p. 395] ROMANCES CASTELLANOS TRADICIONALES ENTRE
LOS
JUDÍOS DE LEVANTE
1
Tarquinos y Lucreza
Aquel
rey de los romanos,—que Tarquinos se llamaba,
se enamoró de
Lucreza,—la noblesa de romana,
que para durmir con
ella—grande ambisión trababa:
se hiso hombre de
camino,—por su puerta le pasara;
Lucreza que lo
vido—como rey le dió posada,
le metió gaína
[1] en sena,—cama de oro que se
echara.
Al fin de la media
noche—Tarquinos se despertara,
se fuera para la
cama— ande está la noblesa echada,
le metió puñal en
pecho—por ver si despertara.
Despertose
desfavorida—con favor
[2] desganada.
—Tus amores,
Lucreza,—me hasen penar al alma;
si tú a mi me
otorgas,—serás reina de Granada;
si tú a mi no me
otorgas,—te mataré con esta espada,
te mataré a tí,
Lucreza,—y al viejo de tu casa.
—Más vale
morir con honra,—que non vevir desfamada.—
Desvainó la su
espada,—en su vientre la afincara.
[3]
Gian Lorenzo y el rey de Portugal
¡Gian
Lorenzo, Gian Lorenzo,—quen te hiso tanto mal!
—Por tener
mujer hermosa—el rey me quere matar.
Yo estando en la mi
puerta—con la mi mujer real
taniendo la mi
vigüela,—mis hijos al son bailar,
alsí mis ojos en
lexos,—quanto más los pude alsar,
en los campos de
Arzuma—grande gente vide baxar;
el corason me lo
diera—que era el rey de Portugal,
que viene por los
mis hijos—y la mi mujer real.
Echí mi manto en
mis hombros—y lo fuera a encontrar:
—Esteis en
buen ora, buen rey.—Gian Lorenzo, en mal vengades.
—Me oigáis,
el Dío del sielo,—que es padre de piedad.—
Yo le hablaba con
buenas,—él me respondía mal.
—Si vos
plase, oh buen rey,—de me vinir a vijitar?
—¿Y para toda
esta gente—qué les daréis a ermorsar?
—Para toda
esta gente—vacas y carneros hay;
para mí y vos, buen
rey,—pichonicos con agrás,
en mientras que
ordenan mesas—vamos a la güerta a espasiar.—
En la güerta de
Gian Lorenzo—hay cresido un buen rosal,
arrancó de ahí una
rosa—y una rosa del rosal,
a la mujer de Gian
Lorenzo—a ella la fuera dar:
—Tomárais
esta rosa,—esta rosa de el rosal,
y de aquí en quince
días—seréis reina de Portugal.
—No matéis a
Gian Lorenzo,—ni lo quijerais matar;
desterraldo de sus
tierras,—que de ellas non coma pan,
que es padre de los
mis hijos,—marido de mi mosedad.—
Yoraba Gian
Lorenzo—lágrimas de voluntad.
—Non yoréis,
Gian Lorenzo,—ni quijerais yorar;
en forma de
carbonero—me verneis a vijitar,
mataré yo al buen
rey—y vos asento en su lugar.
[1]
[p. 397]
3
El hijo del rey en Ferismena
Muerto
va el hijo del rey,—muerto va por Ferismena.
Un día estando en
la mesa—sintió apregonar guerras;
ya tomó mula y
caballo,—se iba para la guerra,
a la tornada que
torna—se echó por ande la esfuegra,
[1]
la esfuegra desque
lo supo,—a resibirlo saliera.—
—Qué hasiais,
la mía esfuegra?—El mi yerno, bien vinierais;
que asin la mi
hija,—la mi hija Miraibella,
priñada está de
ocho meses,—solo está en tierras ajenas.
—Muncho me
arrogó y me dixo—si puedía venir ella;
si ella non
puedía,—que me diera a Ferismena.
—De dar vo la
do, el mi yerno,—como hija mía y vuestra;
con esta espada lo
corten,—si traisión le hisiera.—
Ya la viste, ya la
endona,—adelante se la lleva;
por en medio del
camino—amores l' acometiera.
—Vos uerco
[2] sois, mi cuñado;—oh que uerco
paresierais.—
Se echó del caballo
abaxo,—le cortó la media elvuenga,
[3]
quanto mas corre el
caballo—mas muncho corría ella;
tanto fué su
corritina—que cayó en tierras ajenas.
Por allí pasó un
pajico,—conosido suyo era,
que de señas le
hablaba,—que de señas le hisiera,
que le diera papel
y tinta,—una carta le escribiera
para mandar al rey
su padre—que la quitara de aquellas tierras.
[4]
4
Andarleto
El rey,
que muncho madruga,—por ande la reina se ha andado,
topó a la reina en
cabello,—en cabello destrensado;
el rey por burlar
con ella—tres dadicas
[5] le ha dado.
[p. 398] —Estate, estate,
Andarleto,—el lindo namorado,
dos hijos tuyos
tengo,—y dos del rey, que son cuatro;
dos tuyos comen en
mesa—y los del rey apartado,
los tuyos suben en
mula—y los del rey en caballo.—
Voltóse a mano
derecha,—topó el rey a su lado.
—perdón,
perdón, el buen rey,—que esfueño me ha soñado.
—Ya vos
perdono, la reina,—con un iardan colorado.
[1]
5
(VARIANTE DE A. DANON)
El rey que mucho
madruga,—donde la reina se iba.
La reina estaba en
cabellos,—en cabellos destrenzados.
Tomó espejo en la
mano,—mirándose su buen lindado,
dando loores al de
en alto—que tan linda la ha creado.
El rey, por burlar
con ella,—con verga de oro le daba.
—¿Qué me
dais, qué me dais,—mi primer enamorado?
Dos hijos vuestros
tengo—y dos del rey que son cuatro.
Los vuestros van a
carroza,—los del rey van a caballo.
Los vuestros van a
la huerta—los del rey van a la guerra.
Los vuestros comen
pescado,—los del rey sorben el caldo.
Estas palabras
diciendo,—ella que lo atinaría:
—Perdón,
perdón, mi señor rey,—sueño me ha soñado.
—Amanecerá la
mañana—os lo soltaré un buen soltado,
..........................................—con
un yerdan colorado.
[2]
6
El Conde Alimán con la hija de la reina
En el
vergel de la reina—cresía un buen rosal,
en la ramica mas
alta—un rusción
[3] sentí cantar.
La reina estaba
labrando,—la hija durmiendo está.
[p. 399] —Alevanteis, la mi hija,—de
vuestro dulse folgar,
sentiredes como
canta—la serenica de la mar.
—Non es la
serena, mi madre,—si non es el Conde Alimán,
que el Conde es
niño e muchacho,—con mi quijo burlar.
—Si esto es
verdad, mi hija,—yo lo mandaré a matar.
—Non lo
mateis, la mi madre,—ni mandeis a matar;
que el Conde es
niño e muchacho,—el mundo quera gosar;
si lo matas, la mi
madre,—a mí a él embarabar.—
[1]
La reina, que de el
mal tenga,—presto los mandó a matar.
7
(VERSIÓN DE A. DANON)
Un hijo tiene el buen
conde,—un hijo tiene y no más.
Se lo dió al señor
rey—por deprender y por embezar.
El rey lo quería
mucho—y la reina más y más.
El rey le dió un
caballo,—la reina le dió un calzar.
El rey le dió un
vestido,—la reina le dió media ciudad.
Los consejeros se
zelaron—y lo metieron en mal:
que lo vieron con
la reina,—en hablar y platicar.
—Que lo
vaigan que lo maten,—que lo lleven a matar.
—Ni me maten,
ni me toquen,—ni me dejo yo matar,
sino iré donde mi
madre—dos palabras, tres hablar.
(—Buenos días
la mi madre.—Vengais en buena, mi rejal.
[2]
Aséntate a mi
lado,—cántame una cantica
de las que cantaba
tu padre—en la noche de la Pascua).
[3]
Tomó tacsim
[4] en su boca—y empezó a cantar.
Por allí pasó el
señor rey—y se quedó oyendo.
[p. 400] Preguntó el rey a los suyos:—Si
ángel es de los cielos
o sirena de la
mar?—Saltaron la buena gente:
—Ni ángel es
de los cielos—ni sirena de la mar,
sino aquel
mancebico—que lo mandasteis a matar.
—Ni lo maten,
ni lo toquen,—ni lo dejo yo matar.
Tomólo de la
mano,—y junto se fué al serrallo.
[1]
8
El Conde Amadí
Aquel
Conde y aquel Conde,—que en la mar sea su fin,
armó naves y
galeras—echolas en el sanguí;
el sanguí como era
strecho,—non las puedía regir.
—Atrás,
atrás, los franceses,—non le deis virguensa al Sir;
si el gran Conde lo
sabe,—a Fransia non vos dexa ir,
non vos da para
comer—ni con las damas dormir.—
En la tornada que
tornan—mataron sincuenta mil,
aparte de
chiquiticos—que non hay cuenta ni fin.
Grandes bodas hay
en Fransia,—en la sala de París,
que casa el hijo
del rey—con la hija de Amadí.
Bailan damas y
doncellas,—caballeros mas de mil,
el que regía la
taifa—era una dama gentil;
mirando la está el
buen Conde,—aquel Conde de Amadí.
—Qué miráis
aquí, buen Conde,—Conde, qué miras aquí?
O mirabais a la
taifa—o me mirabais a mí?
—Yo non miro
a la taifa,—ni menos te miro a tí;
miro a este cuerpo
que es—tan galano y tan gentil.
—Hora era, el
caballero,—de me ir yo con tí,
que el mi marido
está en guerra,—tarda inda de venir;
una esfuegra vieja
tengo,—mala está para morir,
[p. 401] los hijicos chiquiticos—no se lo
saben desir.—
Embrujóla
[1] en un mansil d' oro,—de afuera
le quedó el chapín;
a la salida de la
puerta—encontró con Amadí:
—Qué lleváis
aquí, buen Conde,—Conde, que llevais aquí?
—Llevo un
pajo de los míos,—que malo está para murir.
—Este pajico,
el Conde,—me esfuele a servir a mí,
el día para la
mesa,—la noche para dormir;
non la conose en el
garbe,—ni menos en el vestir,
la conose en el
chapín de oro,—que ainda ayer se lo merquí.—
Esto que sentió el
buen Conde,—dexó todo e se echó a fuir.
[2]
9
La esposa de Don Gaifero
Cativa
estaba, cativa,—la esposa de don Gaifero,
pensando está que
le escriba—uno de sus mensajeros.
Aparóse una
ventana,—vido venir un caballero,
todo cubierto de
arma,—en atarse de hombre guerrero.
—¡Caballero,
así logrades—y así tengades ventura en armas!
si para Francia
ibas—y a Gaiferos conoscades,
disilde que a la su
esposa—se la queren desposar,
con un tambunico el
moro,—que mora al gal
[3] de la mar,
muchas son las sus
hasiendas—y la su soberbia grande;
más quería ya ser
muerta—y non con moro bateare.
—Si vos
plase, la Miliselda,—de arriba vos echáreis,
yo vos arresibiré
en mis brazos—como amiga caronale.—
Ansi se echó la
Miliselda—como quen se echa en la mare,
ansí la resibió
Gaifero—como amiga caronale.
De la giúma
[4] sale el moro,—de la giúma al
medio día,
con trescientos
caballeros—que lleva su compañía;
non los llevaba por
miedo,—ni por temor que tenía,
sinon porque digan
la gente:—¡oh, qué gran caballería!
La toca que el moro
lleva—es una rica romanía,
en la punta de la
toca—lleva una piedra safira;
el caballo que el
moro lleva—sien doblas y más valía,
lo que arrastra por
esfuelo—sien pobes ricos hasía.
[5]
El conde Velo y el Gran Duque
Alabóse
el conde Velo,—en sus cortes s' alabo,
que non hay ni mosa
ni casada—que s' enconara d' amor.
Allí se topó el
Gran Duque,—el hijo del emperador:
—Si tú venses
a la enfanta,—sien siodades te do;
si non la
venserás,—vos quitaba el corazón.
—Malaño a tus
siodades,—volo quito yo a vos.—
Ya se parte el
conde Velo,—ya se parte, ya s' andó,
camino de quinse
días—en siete los allegó;
por enmedio del
camino—una de sus esclavas topó,
a poder de muchos
dineros—señas de su vergel le dió:
—Tres salas
tiene Parisi,—una y otra más mejor,
la una durme
Parisi,—la otra el emperador,
la otra durme la
enfanta,—durme con el gran Siñor.—
Arrodeó por el
castillo entero,—por ande entrar no topó;
echó sus ojos en
alto—una de sus esclavas topó,
a poder de muchos
dineros—señas de su cuerpo le dió:
—Debaxo del
pecho estiedro
[1] —tiene un lunar d' amor,
en la su cabesera
tiene—que le canta un rusción.
[2]
11
Parisi y las tres hermanas
Durmiendo está Parisi—de esfueño que le venía,
el maso de las sus
flechas—por cabasera él tenía,
el caballo tenía
atado—al pie de una graviina,
las armas tiene
colgadas~en una mata enflorida;
tres damas lo están
velando—todas tres en una porfidia;
una le peina el
cabello,—otra la sudor l' alimpia,
la más chiquitica
de ellas—el esfueño le traía.
—¿Fin a aquí
los mis pecados—a seguir me vienen?
¿o son ángeles del
sielo,—o la mi madre es?
—Ni son
ángeles del sielo,—ni la vuestra madre es,
sinon son las tres
hermanas—que en vuestra busquedad vinieron.
[p. 403] De allí saltara la grande—con gran
favor que tenía:
—Tómame a mí,
Parisi,—de dádivas que os daría;
vos daré una bolsa
de oro,—que otra en el mundo non había:
siempre que
metriais la mano—vasía non la tornaríais.—
De allí saltó la
segunda—de grasia que ella tenía:
—Tómame a mi,
Parisi,—de dádivas que vos daría;
vos daré espada de
oro—que otra en el mundo non había,
que siempre que
saliis en guerra—la guerra la venseríais.—
De allí saltó la
chiquitica—de grasia que ella tenía:
—Tómame a mí,
Parisi,—de dádivas que vos daría;
vos daré una
mansana de oro—que otra en el mundo non había,
con amores fué
sembrada,—con amores fué cogida,
con amores será
dada—de vuestra mano a la mía.
—Esta es la
que yo amaba,—esta es la que yo quería.
[1]
12
Miraibella
Estaba
la Miraibella—asentada en su portal,
con dolores de
parir—que se quería matar.
—¡Quen
estuviera pariendo—en el vergel de mi padre,
tenerla por
visina—a la condesa mi madre!
Cuando me asento a
parir—que demande piadades.
De allí la oyó la
esfuegra—de altas torres ande estaba:
—Andavos, la
mi nuera,—a parir ande vuestra madre:
si vuestro marido
viene,—yo le daré de senare,
le daré sebada a la
mula,—carne cruda al gavilane,
le daré vuesos al
perro—que non vos vaya detrase.—
Ya se parte
Miraibella,—ya se parte, ya se andare,
en cada paso que
daba—una dolor le trababa,
entrando por la
puerta—un hijo a partorare.
Estas palabras
diçiendo,—el buen rey que arribare:
—¡A todos veo
en medio,—a la mía esposa non veo!
—La vuestra
esposa, mi hijo,—se fué a parir ande la madre;
a mí me llamó
puta,—a tí hijo de mal padre.
—Con esta
espada lo corten—si non la iré a matare.—
Por el medio del
camino—habergís le arribare:
—Buen siman
[2] vos sea el hijo,—se cree con
padre y madre.
[p. 404] —Mal siman le sea el
hijo,—que arrovente con la madre,
a mi madre llamó
puta,—a mí hijo de mal padre.
—Si tal dixo
la mi hija,—de esta cama non se alevante.
13
Asentada está la
reina,—asentada en su portal.
Dolores de parir
tiene—que no los pode soportar.
—Quién
tuviera por vecina—a la reina de mi madre;
cuando me toma el
parto,—que me tenga piedad.—
Saltó la suegra y
la dijo—como palabras de madre:
—Andaos, mi
nuera mía,—al serrallo de vuestro padre;
cuando os toma el
parto,—que os tenga piedad.
Si es por mi
hijo,—.........................................
Yo le doy gallinas
enteras—y pichones a almorzar.—
Estas palabras
diciendo,—el hijo que llegaba:
—A todos veo
en casa—¿la mi esposa dónde está?
—La tu
esposa, mi hijo,—se fué al serrallo del padre,
cuando le tomó el
parto—que le tenga piedad.
A mí dijo
zona y puta—a ti hijo de mal padre.—
Esto que oió el
hijo—a su esposa fué a matarla.
La suegra le
dijo:—Un hijo os ha nacido
como la leche y la
sangre—un señal sea este hijo.—
—Que revente
con la madre.—Saltó la creatura y dijo:
—Si mi madre
dijo tal cosa,—de la cama que no se levante.—
Esto que oió el
padre,—a su madre fué a matarla.
[1]
14
Estábase la reina
Isabela—con su bastidor labrando,
agujeta de oro en
mano—y un pendón de amor labrando.
Por allí pasó
Parisi,—su primer enamorado:
—Esteis en
buena ora, la reina.—Parisi, en bien venierais.
—Si vos
placía, la reina,—de venir vos a visitarnos.
—Placer me
place, Parisi,—placer y voluntad,
por ese cuerpo,
Parisi—.................................
¿Qué oficio tenéis,
Parisi?—¿Qué oficio habéis tomado?
—Mercader
soy, mi señora,—mercader y escribano.
Tres naves tengo en
el puerto,—cargadas de oro brocado.
[p. 405] Las velas son de seda—las cuerdas
de ebrijín
[1] morado,
............................—el
dumen
[2] un cristal blanco.
En la nave que yo
tengo—hay un rico manzano,
que echa manzanas
de oro—invierno y verano.
—Si vos
placía, Parisi,—de veniros a visitar.
—Vengais en
buen ora, la reina,—vos y vuestro reinado.—
Ya se toca, ya se
afeita,—ya lo va a visitar.
Cuando entró la
reina,—él levantó gancho, abrió velas.
—¿Dónde está
el manzano, Parisi,—que echa manzanas de oro
invierno y
verano?—Yo soy el rico manzano
que echa manzanas
de amores—invierno y verano.
[3]
15
Un mancebo
había,—muy angelicado,
de una dama
hermosa—se habia enamorado.
—Por la calle
paso—y me despedazo,
de veros
labrando—en el cedazo.
De batir la
puerta,—ya no me quedó brazos.
Abréis, mi
galana,—haremos un trato.
—Mancebo,
mancebo,—alto y delicado
que por una
moza—vais embeleçado,
tomad mi
consejo,—andados a Belgrado.
Allí
toparéis—lo que vos queréis,
que de mí, en
tanto—provecho no tenéis.
—Majo, majo,
dama,—agua en el mortero,
no hay quien se
apiade—de este forastero.
Esto es muy
amargo—más que la oliva.
Y decidme un
sí— que ya me cansí
(de ver vuestro
garbo—yo me hice así).
[4]
—Mancebo,
mancebo,—dejad esta merequía,
[5]
porque os
trais—en días de etiquía.
[6]
Tomad mi
consejo,—andados a Francia.
—Dodona,
dodona,
[7] —mi cara de luna,
vos que estáis en
quince,—¿yo que mal os hice?
[p. 406] —A Hebrón me vo—y aquí os
dejo,
con vida y
salud—yo ya me alejo
y decidme, ¿qué
haré?—Cómo lo rellevaré
yo en este
mundo?—....................
Si os encampatéis,
[1] —ya podéis decirlo;
más mal es el
mío,—que de encubrirlo.
De los cielos
vino,—cale recibirlo.
—Yo ya te
quería—más que mi hermano;
no tienes
remedio—en este verano.
Buscados
remedio,—ni tarde ni temprano.
—Ay! vos sois
una rosa—que nunca se amurcha.
[2]
16
Andando por estas
mares,—navegando con la fortuna,
caí en tierras
ajenas—donde no me conocían,
donde no cantaba
gallo—ni menos canta gallina,
donde crece
naranja—y el limón y la cidra,
donde hay sacsis
[3] de ruda—guardián de creatura.
¡Ay! Julián falso y
traidor,—causante de los mis males,
te entrastes en mis
jardines—y me engañastes.
¡Ay! acogistes la
flor de mí,—la acogistes a grano a grano.
¡Ay! con tu hablar
delicato,—y me engañastes.
¡Ay! seendo hija de
quien soy,—me casaron con Juliano,
hijo de un
hortelano—de la mi huerta.
¡Ay! Julián, vamos
de aquí,—de este mundo sin provecho.
Lluvia caiga de los
cielos—y mos moje.
17
El rey de
Francia—tres hijas tenía,
la una
labraba,—la otra cosía,
la más
chiquitica—bastidor hacía.
Labrando,
labrando,—sueño la vencía:
—No me
harvéis
[4] madre,—ni me harvariais,
sueño me
soñí—de bien y de alegría.
Me aparí al
pozo,—vide un pilar de oro,
Con tres
pajaritos—picando al oro.
Me aparí al
armario,—vide un manzanario,
[p. 407] con un bulbulico
[1] —picando al manzanario.
Detrás de la
puerta,—vide la luna entera;
alrededor de
ella,—sus doce estrellas.
—El pilar de
oro—es el rey to novio.
Y los tres
pajaritos—son tus entenadicos.
Y el
manzanario,—el rey tu cuñado.
Y el
bulbulico,—hijo de tu cuñado.
Y la luna
entera,—la reina tu suegra.
Y las doce
estrellas,—sean tus doncellas.
Estas palabras
diciendo,—coches a la puerta,
ya me la
llevan—a tierras ajenas.
A los nueve
meses,—parir quería.
—Levantéis,
conde,—levantéis, monde,
que la luz del
día—parir quería.
Llamadla a mi
madre—que me apiade.
Tomó jarros de
rosas en su mano—y bogos
[2] de fajadura.
En medio del
camino—mizva
[3] vería llevar.
—¿Qué es esto
mi conde?—Vuestra hija verdadera
se tornó a
casa—triste y amarga.
[4]
18
Estrellas no hay en
los cielos—el lunar no ha esclarecido,
cuando los ricos
mancebos—salen a caballería.
Yo estando en mi
barco,—pescando mi provería,
vide pasar tres
caballeros—haciendo gran polvaría.
Un baque dieron en
la agua,—entera se estremecía.
Echí ganchos y
gancheras—por ver lo que sería,
vide un duque
educado—que al hijo del rey parecía.
Un païvand
[5] lleva en el brazo,—cien
ciudades y más valía.
Un anillo lleva en
el dedo,—mil ciudades más valía.
Camisa llevaba de
Holanda,—cabezón de perlería.
En mi buena de
ventura,—salió el rey de Constantina.
Recogí la mi
pesca,—al lugar la tornaría.
Yo mi camino en
mano,—al serrallo del rey me iría.
Vide puertas
cerradas,—ventana que no se abría.
Batía la
puerta,—demandí quien había.
[p. 408] Bajad, mi señor rey,—os contaré lo
que vide:
Yo estando en mi
pesca,—pescando mi provería,
vide pasar tres
caballeros—haciendo gran polvaría.
Un bulto llevaba en
su hombro—que de negro parecía.
Un baque dieron en
la agua,—y la mar estremecía.
Las estrellas de
los cielos—y el lunar se obscurecía.
.................................................—De
ver tala manzía,
echí la mi
pesca—por ver lo que había, etc.
[1]
19
Yo estando en mi
pesca,—pescando mi pobrería,
vide pasar tres
cabayeros—aziendo gran polvería.
Un bulto yevavan en
un hombro—que de negro paresia:
un báqui dieron en
la mar,—que la mar estremisía.
Eché las mis
pescas—por ver lo que abía.
Vide un duque
educado—que al ijo del rei paresía;
Un aniyo yevaba en
un dedo—que mil ciudades y más valía.
Camisa yeva de
holanda,—cabesón de perlería.
Arrecoxí la mi
pesca,—al lugar la tornaría.
Tomí camino en
mano,—al sarai
[2] del rei me iría.
Vide puertas
cerradas,—ventana que no se abría.
Batí la
puerta,—demandé quien abía.
Abaxa, mi
señor,—vos contaré lo que vía.
Yo estando en mi
pesca,—pescando mi probería,
vide pasar tres
cabayeros—aziendo gran polvería;
un bulto yevavan en
un hombro—que de negro paresía.
Un báqui dieron en
la mar,—que la mar estremisía,
las estreyas de los
cielos,—y el lunar se escondía,
.....................................—de
ver tal amansía.
Eché las mis
pescas—por ver lo que abía.
[3]
20
Nochebuena,
nochebuena,—noches son de enamorar.
Cuando las
doncellas dormen,—el lunar se va encerrar.
Allí estaban diez
doncellas,—todas las diez a un metal.
[p. 409] Saltó la vieja de ellas—(vieja era
de alta edad):
—Dormais,
dormais, doncellas;—si dormides, recordad,
mañana os hacéis
viejas—y perdéis la mocedad.)
Se iba la
Melisselde,—para la caja
[1] se iba.
Se emborujó en un
manto de oro—por faltura de brillar.
Allá, en medio del
camino,—alguaciles fué a encontrar:
—¿Qué
buscáis, Melisselde?—¿Qué buscáis por este lugar?
—Vo ir donde
una hacina,
[2] —mala está de no sanar.
Dadme este
cuchillo,—el cuchillo de cortar,
que quero echar
estos perros—que no me vaigan detrás.
Alguaciles, con
bondades,—se lo dieron el cuchillo por el cortar.
Milisselde, con
malicia,—se lo encajó por el cortar.
[3]
21
—¿Donde os vais,
caballero?—¿Dónde os vais y me dejáis?
Tres hijicos chicos
tengo,—lloran y demandan pan,
—Os dejo
campos y viñas,—y por más media ciudad.
—No me basta,
caballero,—no me basta para pan.»
Echó la su mano al
pecho,—cien doblones le daba:
—«Si a los
siete no vengo,—al ocheno os casais.»
Esto que oió su
madre,—maldición le fué echar.
Pasó tiempo y vino
tiempo,—escariño la venció.
Aparóse a la
ventana,—a la ventana de la mar.
Vído naves
galeones,—navegando por la mar:
—Si vierais
al mi hijo,—al mi hijo el coronal?
—Ya lo vide
al vuestro hijo,—al vuestro hijo el coronal.
La piedra por
cabecera,—por cubierta el arenal.
Por demás tres
cuchilladas,—................................
por la una entra el
sol,—por la otra el lunar,
[p. 410] por la más chiquitica de
ellas—entra y sale un gavilán.
Esto que oió su
madre,—a la mar se fué echar.
—No os
echeis, la mi madre:—que soy vuestro hijo carnal.
Una vez que sois mi
hijo,—¿qué señal dabais por mí?
—Bajo la teta
izquierda,—teneis un benq
[1] lunar.
(Tomaron mano con
mano,—junto se echaron a volar.)
[2]
22
Una fuente hay en
Sofía—corriente de agua fría.
Quien bebia de
aquel agua,—al año preñado venía.
Por su negra
ventura,—la infanta bebería.
Parida está la
infanta,—parida está de una hija.
Por encubrirlo del
rey,—hízose de la hacina.
[3]
Envió llamar al
conde,—al conde que ella quería.
El conde que haiga
oido,—no retardó su venida.
Camino de quince
días—en cinco le tomaría.
—Esteis en
buen hora infanta.—Bien venido el conde.
Tomeis esta
hija,—en puntas de vuestras faldas.
A la entrada de la
puerta,—con el rey se encontraría.
El rey demandó al
conde:—(—¿qué lleváis en punta de las faldas?
—Almendricas
verdes llevo,—gustizo de una preñada.
—Dadme a mi
unas cuantas,—para mi hija la infanta.
Estas palabras
diciendo,—la creatura lloraba.
El rey demandó a
los suyos,—qué consejo le daban:
Unos dicen que los
mate—otros dicen que los case,
(al rey mucho le
place).—
[4]
23
(Ya se asentaron los
dos reyes,—y el moro blanco tres,
y la blanca niña
con ellos.
Ya se asentan al
juego,—al juego de ajedres.
[p. 411] Juga el uno, juga el otro,—jugan
todos los tres.)
[1]
Ya la gana el moro
blanco,—de una vez hasta tres.
—¿De qué
llorais, blanca niña?—¿De que llorais blanca flor?
Si llorais por
vuestro padre,—carcelero mío es.
Si llorais por
vuestra madre—guisandera mía es.
Si llorais por los
tres hermanos—ya los maté a los tres.
—Yo no lloro
ni por mi padre ni por mi madre—ni por mis hermanos tres;
si no que yo
lloro—por mi ventura cuala es.
—Vuestra
ventura, mi dama,—al lado la teneis.
—Una vez que
sois mi ventura—dadme el cuchillico de ciprés;
lo mandaré a mi
madre—que sé guste de mi bien.
El moro blanco se
le dió derecho,—la blanca niña lo tomó a través,
se lo encajó por el
bel.
[2]
24
Dicho me habian
dicho—que mi amore está en Venecia,
asentado en una
mesa—con una linda Francesa.
Madre, dadme la licencia.
¿Cuando vo ir a servir
a mi marido gentil?
—Hija mia si
te vas—hace bien parar mentes.
En la ciudad que
irás,—no has primos ni parientes,
A los ajenos hace parientes,
no te hagas aborrecer,
hija de buen parecer.
—Mi madre
cuando morió,—murió con su buen tino.
A los amigos
encomendó—que me den un buen doctrino.
Ellos me dieron un espino,
no me dejaron gozar;
casadica quero estar.
—Qién quiere
ser casada,—no conviene ser morena,
sino blanca y
colorada,—redonda como la perla;
[p. 412] no debe ser morena,
no debe debe ser picuda,
sino harif
[1] y aguda,
menuda como la ruda.
[2]
25
(—¿De que
lloras, blanca niña?—¿De que lloras, blanca flor?)
—Lolóro que
perdi las llaves,—las llaves de mi cajon.
—De plata las
perdites,—de oro te las hago yo.
—Ni de oro ni
de plata—las mis llaves quero yo.
—¿De quien
eran estas armas—que aqui las veo yo?
—Vuestras
son, el mi señor rey,—vuestras son, mi señor,
que os las trujo mi
señor padre—de las tierras de Aragon.
—¿De quien es
este caballo—que aqui lo veo yo?
—Que os lo
mandó mi hermano—de las tierras de Aragon.
—¿De quien es
este cauq
[3] —que aqui lo veo yo?
—Que os lo
mandó mi padre—de las tierras de Aragon.
—Merced a tu
padre,—que mejor lo tengo yo.
[4]
26
Tres hijas tenia el
rey,—tres hijas cara de plata.
La mas chiquitica
de ellas—Delgadilla se llamaba.
Un dia de los
dias,—se asentaron en la mesa.
En comiendo y
bebiendo:—
—¿Que me
mira, señor padre?—¿Que me mira que me mata?
—¿Que te
miro, la mi hija?—Que te miro y que me enamoro.
—No lo quere
ni el Dio ni la gente—ni la ley santa y bendita,
ser comlesa
[5] de mi madre—y madrastra de mis
hermanas.
—Remata
Delgadilla,—remata perra mala.
Si el rey de la
tierra quiere,—por espada sois pasada.
Allá, en medio del
camino,—que le fraguen
[6] un castillo,
ni puerta ni
ventana—para Delgadilla.
¿Que comida le
darían?—carne cruda bien salada,
[p. 413] que se muera de sed de agua.—Allá
fin de quince días,
allá fin de tres
semanas,—un día por la mañana,
se asentó en la
ventana,—vido pasar a sus hermanas.
—Hermanas
mías queridas,—hermanas mías amadas,
deisme un poco de
agua,—
que de sed y no de
hambre—al Dios vo dar la alma.
—Vate de aqui
Delgadilla,—vate de aqui, perra mala,
el rey tu padre si
lo sabe—por espada sois pasada.
Allá fin de quince
días,—allá fin de tres semanas,
un día por la
mañana—se asentó en la ventana,
vido pasar a su
padre:—Padre mío, muy querido,
padre mío, muy
amado,—deisme un poco de agua,
que de sed y no de
hambre—al Dios vo dar la alma.
—Remata
Delgadilla,—remata, perra mala,
si el rey tu padre
quere—por espada sois pasada.
Allá fin de quince
días,—allá fin de tres semanas,
un día por la
mañana—se asentó en la ventana,
vido pasar a su
madre:—Madre mía, mi querida,
madre mía, mi
amada,—deisme un poco de agua,
que de sed y no de
hambre—al Dios vo dar la alma.
—Presto que
le traian agua,—de las aguas destilladas,
para
Delgadilla.—Hasta que trujeran agua,
Delgadilla dió la
alma.
[1]
27
Traisió la
Duvergini—por el palacio del rey.
Vestida iba de
pretos,—de su cabeza a los pies.
El rey estando en
la misa,—vido pasar una mujer;
vestida iba de
pretos,—de su cabeza a los pies.
Preguntó el rey a
los suyos:—Quién es esta mujer?
—Madre de
Duvergini—que en preso lo teneis.
Siete años anduvo,
siete—que en preso lo teneis.
—Saliremos
presto de la misa—y lo iremos a ver.
—Buenos días,
Duvergini—Bienes me tenga, señor rey.
Siete años anduvo,
siete—que en preso me teneis.
Ya me crecieron las
uñas—de un palmo hasta tres.
Ya me crecieron los
cabellos—de un palmo hasta seis.
Ya me crecieron las
pestañas—que ya no puedo ni ver.
—Presto que
la quiten a Duvergini.—
[p. 414] y que lo lleven al baño,—al baño
que bañó el rey.
Que lo vestan el
vestido,—vestido que vestió el rey.
Que lo suban a
caballo,—caballo que caballó el rey.
[1]
28
Arboleda,
arboleda,—arboleda tan gentil;
en la rama de más
arriba—hay una bolisa
[2] d'Amadi,
peinándose sus
cabellos—con un peine de marfil:
la raiz tiene de
oro,—la cimenta de marfil.
Por allí pasó un
caballero—caballero tan gentil:
—¿Qué
buscais, la mi bolisa?—¿qué buscais vos por aquí?
—Busco yo a
mi marido,—mi marido D'Amadí.
—¿Cuánto
dabais la mi bolisa,—que os le traigan aquí?
—Daba yo los
tres mis campos—que me quedaron de Amadí.
El uno araba
trigo—y el otro zengefil,
[3]
el mas chiquitico
de ellos—trigo blanco para Amadí.
—¿Mas que
dabais, la mi bolisa,—que os lo traigan aquí?
—Daba yo mis
tres molinos—que quedaron de Amadí.
El uno molia
clavo—y el otro zengefil,
el mas chiquitico
de ellos—harina blanca para Amadí.
—¿Mas que
dabais, la mi bolisa—que os le traigan aquí?
—Daba yo las
tres mis hijas—que me quedaran de Amadí.
La una para la
mesa,—la otra para servir,
la mas chiquitica
de ellas—para holgar y para dormir.
—Dados a vos,
la mi bolisa,—que os la traigan aquí.
—Mal año tal
caballero—que tal me quijo decir.
—¿Qué señal
dais, la mi bolisa—que os la traigan aquí?
—Bajo la teta
izquierda—tiene un benq maví
[4]
—No maldigais
la mi bolisa—yo soy vuestro marido Amadí.
Echados vuestro
trenzado,—me subiré yo por allí.
(Tomaron mano con
mano—y se fueron a holgar.
[5]
29
Ya vienen los
cautivos—con todas las cautivas.
Dentro de
ellas—hay una blanca niña.
[p. 415] ¿Para que la traen—esta blanca
niña,
que el rey
Dumbélo—se enamoraría?
—Cortadle,
señora,—el beber del vino,
que perde
colores,—que cobra suspiros.
—Cuanto mas
le corto—el beber del vino,
mas se le
enciende—su gesto valido.
—Cortadle,
señora,—el beber del claro,
que perde
colores,—que cobra desmayos.
—Cuanto más
le corto—el beber del claro,
mas se le
enciende—su gesto galano.
—Mandadla,
señora,—a lavar al rio,
que perde
colores—que cobra suspiros.
—Cuanto más
la mando—a lavar al rio,
mas se le
enciende—su gesto valido.»
Ya amaneció el
dia,—ya amanecería,
cuando la blanca
niña—lavaba e tendía,
¡oh! qué brazos
blancos—en el agua fría.
—Mi hermano
Dumbelo—por aqui si pasaría.
—¿Que hago,
mi hermano—las ropas del moro franco?
—Las que son
de seda—echadlas al nado:
Las que son de
sirma
[1] —encima de mi caballo.
—Abrireis,
madre,—puertas del palacio,
que, en lugar de
nuera,—hija yo os traigo.
—Si es la mi
nuera—venga a mi palacio,
si es la mi
hija—venga en mis brazos.
—Abrireis, mi
madre,—puertas del cillero,
que, en lugar de
nuera,—hija yo os traigo.
—Si es la mi
nuera—venga en mi cillero,
si es la mi
hija—venga en mis pechos.
[2]
30
Levanteisos vos
toronja—del vuestro lindo dormir.
Oireis cantar
hermoso—a la sirena de la mar.
—Sirena de
mar no canta—ni cantó ni cantará,
sino que es un
mancebico—que me quere alcanzar.
Si lazrará
[3] dia y noche,—no me podrá
alcanzar.
Las olas de mar son
muy fuertes—no las puedo navegar.
[p. 416] Esto que oió el mancebo,—a la mar
se fué a echar.
—No os echeis
vos, mancebo,—que esto fué mi mazal.
[1]
(Echó su lindo
trenzado—y arriba lo subió)
Ella se hizo una
toronja—y él se hizo un toronjal.
(Tomaron mano con
mano—y se echaron a volar.)
(Volan, volan;
¿donde posan?—en el castillo del rey.)
Esto que oió su
padre—maldición le fué echar.
—No
maldigais, vos mi padre,—que esto fué mi mazal.
(Tomaron mano con
mano—y se fueron a volar.)
(Volan, volan;
¿donde posan?—en el serrallo del rey.)
(Tomaron mano con
mano—y se fueron a casar.)
31
—Abridme, cara
de flor,—abridme la puerta.
Desde chica erais
mía;—en demas ahora.
Bajó cara de
flor—abrirle la puerta;
toman mano con
mano,—junto se van a la huerta.
Bajo de un rosal
verde,—allí metieron la mesa.
En comiendo y
bebiendo,—junto quedaron dormiendo.
Al fin de media
noche,—se despertó quejando:
—Dolor tengo
en el lado—que me responde al costado.
—Os traeré
médico valido—que os vaiga mirando.
Os daré dinero en
bolsa—que os vaiga gastando.
Os daré fodolas
[2] frescas—que vaigais comiendo,
—Despues que
matais al hombre—mirais de sanarlo.
32
Ya quedaron
preñadas,—todas las dos en un día,
la reina con la cautiva.
Ya cortaron
fajadura,—todas las dos en un día,
la reina con la cautiva.
La reina corta de
sirma,—la cautiva de china,
y hicieron los
dulces—todas las dos en un día,
la reina con la cautiva.
La reina hizo de
azúcar,—la cautiva enjuagadura.
Ya les toman los
partos,—todas las dos en un día,
la reina con la cautiva.
La reina colcha de
sirma;—la cautiva estera pudrida.
Ya
parieron—todas las dos en un día,
la reina con la cautiva.
[p. 417] La reina páre a la hija,—la cautiva
páre al hijo.
Las comadres son
ligeras,—trocan a las creaturas.
La reina en la
camareta,—la cautiva en la cocina.
Allá, en medio de
la paridura—cantica la cantaba:
—Lálo, lálo,
tu mi espacio,
[1] —lálo, lálo, tu mi vista;
si tu eras la mi
hija,—¿qué nombre te metería?
Nombre de una
hermana mía—que se llamaba Vida.
Lálo, lálo, tu mi
alma,—lálo, lálo, tu mi espacio;
si tu eras la mi
hija—¿qué hadas te hadaría?
El rey por allí
pasara,—las palabras oiría:
—¿Que habla
la mi cautiva?—¿que dice la mi cautiva?
—Si quereis
saber, mi rey,—mi estado enriba la estera pudrida.
Las comadres fueron
ligeras—trocaron a las creaturas.
Tomó el rey con su
mano—trocó a las creaturas.
Tomó el rey hadas
grandes,—hadaría a la cautiva;
arriba la subiría;
y a la
reina—a fondo la echaría.
[2]
33
Levantíme,
madre,—un lunes por la mañana;
me laví las
manos,—tambien mi linda cara.
Me asentí en la
ventana,—vide pasar un mancebico.
................................—alto
era como el pino.
Se lo demandí a mi
padre—que me lo diera por marido.
Mi padre por no
descontentarme—presto otorgó conmigo.
Lo demandí a mis
hermanos—que me lo dieran por marido.
Mis hermanos, por
no descontentarme—presto otorgaron conmigo.
Lo demandí a mi
madre—que me lo diera por marido.
Mi madre por
contentarme—presto atorgó conmigo.
A la entrada de la
puerta,—me pareció un cirio encendido.
A la subida de la
escalera,—me pareció un cirio florido.
A la entrada de la
sala,—me pareció una almenara,
A la entrada de la
cama,—me pareció un viudo entendido.
Si se lo digo a mi
padre—me dice: tu te lo quijistes.
Si se lo digo a mis
hermanos—me lo toman por mal hadado.
Si se lo digo a mi
madre,—luego se mete a llorar conmigo.
(Ahora por mis
pecados,—me lo llevo yo conmigo.)
Enfrente veo
venir—como un grano de granada.
Le preguntí al
mocico:—¿casada era o muchacha?
—Casada, por
mis pecados;—siete maridos ha tomado,
a todos los siete
los ha matado.—Y vos si sois el mi marido,
mi encendeis una
candela.—Hasta que encendió la candela,
le regió la linda
cena—de alacranes y culebras.
—Y vos si
sois el mi marido,—comeis de esta linda cena.
Hasta que comió la
linda cena—le regió la linda cama
.........................
—de cuchillos y espadas.
—Vos si sois
el mi marido,—os echais en esta linda cama.
Un boton
desabotonaba,—ciento y uno abotonaba.
Hasta fin de media
noche—sueño lo vencía.
.........................................—en
la pierna se le echaba.
Desenvainó la su
espada—la cabeza le cortaba.
[1]
35
Asentada está la
reina,—asentada en su kiojé,
[2]
labrando un
destemel,
[3] — la labor del menekjé
[4]
Allá, fin de media
noche,—la puerta se le batía.
¿Quien es que bate
la puerta?—Yo soy, la mi bolisa,
.........................................—abridme,
la mi bolisa.
—No te abro,
mi mezquino,—si no viene mi señor.
—Tu señor lo
mataron Moros,—el haber te truji yo.
Si no te crées, la
mi bolisa,—el chapéo lo llevo yo.
Tomó el candil eu
su mano,—presto bajó y abrió,
A la entrada de la
puerta—el candil se le amató.
¿Que es esto mi
mezquino,—que vuestra usanza no es así?
—Tengo los
ojos marchitos—que no los puedo abrir.
Ya le da a lavar
piés y manos—con agua de jabom
Ya le da la tobaja
[5] —de sirma y clavedon.
—¿Que comida
le daremos?—Una toronja y un salmon.
La toronja le vino
dulce—el salmon le amargó.
En comiendo y
bebiendo,—(en la pierna se le echó.
[p. 419] Desenvainó la su espada,—y la
cabeza le cortó).
Por la ventana la
mas alta—por alli lo arrojó.
—Tu muerto en
el callejón.
[1]
36
En la ciudad de
Marsilia,—una linda dama
se tocaba y se
afeitaba—(y en la ventana se asentaba.
Por alli pasaba un
mancebico);—vestido iba de malla.
De besarlo me dió gana:
—Ven aqui tu,
pastor lindo,—gozarás de los mis bienes.
Comerás y
beberás—y hacerás tu lo que queres.
—Yo no oio a
mujeres,
—le dijo Selví—
que yo con mi galána
me quiero ir.
—Si tu vias
mis cabellos—tan rubios y tan bellos.
—Va, ahórcate con ellos,
—le dijo Selví—
que yo con mi galana
me quiero ir.
—Si tu vias
las mis manos—con mis dedos alheñados.
Cuando paso por la
plaza,—todos se quedan mirando.
—En el fuego sean quemados
—le dijo Selví—
que yo con mi galana
me quiero ir.
—¿Pastor malo
en mi que vites—que a mi no me quijites?
Los ángeles de los
cielos—ya te vieron lo que hizites.
—Ni con esto me vencites
—le dijo Selví—
que yo con mi galana
me quiero ir.
—Allá vaigas,
pastor lindo,—allá vaigas y no tornes;
tus hijicas
huerfanicas—tu mujer venga en mi mesa.
—Maldicion de puta vieja
no me alcanza a mi
—le dijo Selví—
que yo con mi galana
me quero ir.
[2]
Mal año tripa de
madre—que tanta hija parió sin un hijo varón
Saltó la más chica
de ellas:—
—No maldigáis
señor padre—que yo parezco varón.
Hacedme un jubón de
seda—.....................
—Tienes los
pechos grandes—no los puedes encubrir.
—Hacedme un
jubón de seda—que yo los puedo encubrir.
—Tienes
cabellicos rubios,—no pareces a varón.
—Hacedme un
cauq
[1] ancho—que parezca a varón.
Arma mulas y
caballos—y a la guerra ya se va.
A la ida de la
guerra—a todos daba selam.
[2]
En la primera
batalla,—tres cabezas ya apuntó.
En la segunda
batalla,—el cauq se le caió.
El buen rey que lo
vido,—caió y se desmayó.
Ni con vino ni
vinagre,—el buen no se retornó.
Mujdegis
[3] que han venido—que la hija ya
tornó.
.........................................—y
la guerra ya venció.
La recibió el su
padre:—que ya pareces a varón.
.......................................—Y
el romance se acabó.
[4]
38
—Una ramica de
ruda—dí, mi hija, ¿quién te la dió?
—Me la dió un
mancebico—que de mí se enamoró.
—Hija mía, mi
querida,—no te eches a perdición.
Más vale un marido
más,—que una nueva amor,
—El mal
marido, mi madre,—el pellizco y la maldición;
el nuevo amor, mi
madre,—la manzana y el limón.
Me demanda una
demanda—que me hace morir.
Me demanda baño en
casa,—ventanas par él yalí.
[5]
[p. 421] Los muslukes
[1] sean de oro,—las pilas de
fagfurí.
[2]
¿Qué demanda me
demanda—que me hace tresalir?
[3]
39
Siete años
anduví—por una linda dama;
no me la dejan
ver—ni por puertas ni ventanas.
Híceme un
Romero—de la Roma santa.
Fuí a la su
puerta,—demanda le demandaba
(la madre
cosía—la hija labraba):
—Levantéis,
bolisa,—del vuestro labrado;
le deis la
limosna—a este Romero.
—Madre, la mi
madre,—¿qué es este mal Romero?
Yo le dó la
limosna,—él me apreta el dedo.
—No pecáis,
la mi bolisa,—que él allá es un ciego.
—A tientas, a
tientas,—os apretí el dedo,
Mostradme,
bolisa,—¿por dónde es el camino?
Yo os daré a
vos—anillo de oro fino.
Mostradme,
bolisa,—¿por dónde dó el paso?
Yo os daré a
vos—anillo de oro (¿en?) mano.—
Estas palabras
diciendo—al hombro se la echó.
Pregoneros
salían—por todas las vías.
¿Quién vido a la
flor—y la florería?
—¿Quién vido
al Romero—que bulto llevaría?
(—Si es la mi
hija,—traédmela al lado.
Si es la mi
nuera,—llevadla al palacio).
[4]
40
Una dama muy
hermosa—que otra mejor no hay.
Sayo lleva sobre
sayo,—un jubón de clavedón.
Camisa lleva de
Holanda,—sirma y perla el cabezón.
La su frente
reluciente,—sus cabellos brilles
[5] son.
[p. 422] La su ceja muy nacarada,—los sus
ojos almendras son.
La su nariz
pendolica,—las sus caras yutes
[1] son.
La su boca muy
redonda,—sus dientes perlas son.
La su garganta
delgada,—sus pechos nares
[2] son.
El su bel, muy
delgado,—y su boy, selví boy.
[3]
A la entrada de la
misa,—la misa
[4] se relumbró.
El tañedor que la
vido—de rodillas se asentó.
—Tañed,
tañed, desdichado,—que por vos me vine yo.
Y por el quien vine
yo—no está en la misa, no.
Siete años hay que
espero—como mujer de honor.
(Si al ocheno no
viene—al noveno me caso yo.)
Me toma el rey de
Francia—o el duque de Stambul.
Si el duque no me
quiere,—me toma el tañedor;
que me taña el día
y la noche,—que me cante el albor.
(Tomaron mano con
mano—y juntos se fueron los dos.)
41
Quien se casa con
amores,—simpre vive con dolores.
Ella una mujer
pomposa;—él, un hombre gastador.
—Gastí mi
hacienda y la suya—y la que su padre le dió.
Ahora, por mis
pecados,—vine a ser un cardador.
Yo cardo mi oquita;
[5] — mi mujer, hiladla vos.
Hiladla muy bien
delgada,—que así quijo el patrón.
Tengo los ojos
marchitos,—de meldar
[6] la ley de Dios.
—Más y más yo
los tenía—de labrar en el bastidor.
Traedme seda de
Brusa,—clavedón de Stambul.
Os labraré el sol y
la luna,—y las estrellas cuantas son.
Que se lo mandéis
donde mi padre—que sepa de mi dolor.
Si preguntan mis
hermanos,—les decís que no lo hice yo.
Si pregunta la mi
madre,—le decís que lo abrí yo,
.................................—que
llore ella y lloro yo.
Ir me quero, la mi
madre,—ir me quero, y me iré,
Y las yerbas de los
campos—por pan me las comeré.
Las lágrimas de los
ojos,—por agua me las beberé.
(Y en medio del
camino,—una kulé
[1] fraguaré.)
Por adentro
kauli-katil
[2] —por afuera serrallo del rey.
Todo quien pasa y
torna,—arriba los llamaré.
Ellos que canten
sus males,—más y más yo les cantaré.
Si los suyos salen
los muchos,—a paciencia yo los tomaré.
Si los míos salen
más muchos,—a la mar me echaré.
43
Horicas de
tardo— el Chélébi
[3] venía,
toma el pico y la
chapa—a cavar se iría.
Ella ya
sabía—detrás se le iría,
vía que so
entraba—donde la nueva amiga.
Entró más
adentro,—por ver lo que había,
vido mesas
puestas—con ricas comidas,
Pesquir
[4] de Holanda,—salero de plata,
sal de la
Valaquia.—El vaso le daba,
......................—saludar
se saludaba.
—De hija que
os nasca—con la nueva amiga.
Entrí más
adentro—por ver lo que había,
vide
camaretas—con ricas cortinas.
El, en
camisica,—ella, en jaquetica,
lo oí que le
dice:—Mi alma y mi vida.
(Tornóse a su
casa—triste y amarga.)
Cerra a su
puerta—con siete aldabas;
toma la cuna
delante—al que más quería:
—Dormite, mi
alma,—dormite, mi vida,
que tu padre
estaba—donde la blanca niña.
(Allá a media
noche—la puerta le batía):
—Abridme, mi
alma, abridme, mi vida,
que vengo
cansado—de cavar las viñas.
—No venis
cansado—de cavar las viñas,
sino que
veniais—de la nueva amiga.
[p. 424] No es más hermosa—ni más colorida;
carica
encalada,—cejica teñida.
—Si es por
cadenas,—os haré manillas.
—No quero
cadenas—ni quero manillas,
donde estuvisteis
de prima,—estados hasta el día.
44
Mi padre era de
Francia,—mi madre de Aragón;
se casaron
junto—para que nasca yo.
Él, come el
pescadico,—las espinicas yo;
él, come la
franzelica,
[1] —los mendrugos yo.
Él, bebe el vino
puro—y la agüita yo;
él, se echa en cama
alta,—en la esterica yo.
Allá fin de media
noche,—agua le demandaba;
agua no había en
casa;—a la fuente la enviaba;
la fuente era
longe.—Sueño la vencía;
por allí pasó un
mancebo—tres palabras le echó.
45
Por esta calle que
vó,—me dicen que no hay salida.
Yo la tengo que
pasar,—aunque me cóste la vida.
La vida me alargais.
La olor me retornais.
Paróse a la
ventana—cara de lindo papel:
—Dadme un
poco de agua—que yo me muero de sed.
—No tengo
taza ni jarro—ni con qué daros a beber.
—Dadme con
vuestra boquita—que es mas dulce que la miel.
La vida me alargais.
La olor, etc.
Por esta calle que
vó—echan agua, crece ruda.
Esta la pueden
llamar,—la calle de las agudas,
Ocho y ocho diez y
seis,—veinte y cuatro son cuarenta;
[2]
la moza que me
quera bien—déjeme la puerta abierta.
La vida me alargais.
La olor, etc.
Yo a vos mucho
quería—y no a otra amarilla;
de veros día por
día.—
[p. 425] La vida me alargais.
La olor, etc.
¿Hasta cuando me
dais pena?—Vos sois blanca y no morena;
me meteis en preso
y cadena.
La vida me alargais.
La olor me retornais.
[1]
46
Vos venid, mi
dama,—por la mañana:
bebereis raki
[2] —con naranjada.
Hablaremos, burlaremos,
bodas haremos.
Vos venid, mi
dama,—por entre el día;
haremos la
boda—con alegría.
Venid, mi dama,
hablaremos, etc.,
bodas, etc.
¡Oh! que
caminado—a paso a paso!
El que os
creó—es el de en alto.
Venid, etc.,
hablaremos, etc.,
bodas, etc.
¡Oh! ¡que
relustror—de cara y de frente!
Vos me
pareceis—la luna creciente.
Venid, mi dama,
hablaremos, burlaremos,
bodas haremos.
Me ven
chiquitica,—pensan que soy chica.
Las de mi
edad—mandan hijos a meldar.
[1]
Me ven jugar
coches,—pensan que es de doces.
Mi madre, ¿cuando ya?
No puedo soportar.
Me ven jugar
dados,—pensan que es ducados.
Mi madre, etc.
No puedo, etc.
Hijas de quince
años—hijos en los brazos.
Yo de veinte y
cuatro—sin casar y sin gozar.
Mi madre, ¿cuando ya?
No puedo soportar.
48
Hablar
yo os quero laquirdi
[2] secreto,
porque yo me topo
en grande apreto,
de ver vuestra ceja
y el ojo preto...
Vos sois mi amiga
mas y mas que hija,
dadme un consejo
como que me rija.
No topí muchacha
que os asemeja,
sois muy convenible
como la oveja.
Vuestros
cumplimientos no son cosa poca,
se desmayan gentes
cuando abreis boca.
Me echais palabras
que en la alma tocan.
Quien fuera pollico
y vos ser la clueca.
Decidme mi doña, en
que me determino.
Si es que hay
provecho, mostradme camino,
porque no me pasa
ni agua ni vino.
No me deis en mano
de médico ni adevino.
Hoy
o mañana espero respuesta,
por acompañaros
junto en la fiesta.
Mi vida sin vos
nada no apresta;
si me dais a mano,
yo estó alesta.
(—Provecho no
teneis ni este verano,
[p. 427] mirados remedio tarde o temprano).
(Ya me apiado mas
que un hermano),
no estoy en tiempo
de daros a mano.
[1]
49
Ya vino el
niño,—ya vino el niño;
y, de los cielos
altos,—el patron del mundo,
el, que haga este
mandado,—orgurli
[2] bien estrenado.
¡Ay! de la
romería.—..................................
Con sí trae el
niño—toda la pedrería.
En
bien sea venido,—¡Ay! toda la ley santa.
Nuestro padre es el
bueno—y un midrás
[3] le fragua.
En bien sea
venido,—Y un midrás le fragua
en piedras
preciosas,—y ricas esmeraldas,
la menora do
oro—y de la fina plata.
Aceite de
oliva—la oliva clara.
En bien sea
venido.—Y digaisle: el hizo a los cielos.
Gentes
bajaban,—malahim
[4] subían,
Y, en la su
boca,—le echó una llavezica.
Cuando el señor del
mundo—licencia le daría,
con bien lo
querería.—...........................
Y, en las sus
plantas,—tres ramas traía,
para guardar al
niño—y a la bien parida.
[5]
50
¡Ay! ¡que mañanica
clara—amanecía por aquí!
¡Ay! ¡que ventura
la nuestra—hoy nos trujo por aquí!
—Por mandado
vine aquí—en que fui muy arrojado.
De hoy en tres años mejorado. —
[p. 428] Se levantó señor parido—en una
mañanica clara,
A la puerta de la
esnóga.
[1] —¡Ay! alli se le alborearía,
libro de oro en la
su mano.—¡Ay! buenas berahot
[2] cantaba,
donde le nace un
bien venido.—Que los muchos años le para.
[3]
51
Cantar
quero una farsa
[4]
que nos sea por
membranza,
contar todo lo que
pasa
por la cabeza del hombre.
Desde
que nace el chico,
hasta años cuatro
cinco,
como se crea el
pollico
asi se crea el hombre.
Quien
lo abraza y quien lo besa;
alegría de la mesa;
cuando hablar ya se
envesa,
[5]
de verlo se gusta el hombre.
En
los brazos de su padre
y en los pechos de
su madre,
como la rosa que se
abre
asi asemeja el hombre.
Dicen:
¡si verais su gracia,
cual os sea la
ganancia!
Ni en Venecia ni en
Francia
no lo vido ningun hombre.
Cuando
tiene los diez años,
todos sus hechos
son daños,
de destruir y
romper paños
que no abastece el hombre.
[p. 429] Lo que quere habla y dice
y no hay quien le
avise.
Dicen: tiendrá años
quince,
de suyo se hace hombre.
Cuando
ya va por los veinte
se hace un leon
fuerte.
En casar su tino
mete
por entrar en cuenta de hombre.
Ya
casó como puedía,
alcanzó lo que
quería.
Esto es toda su
alegría
que ha de alegrarse el hombre.
Antes
que pase la añada,
la mujer le queda
preñada.
Si son dos una
entrada,
mala lo encampa el hombre.
Y
va todo de dolores,
huiendo de los
deudores.
Se le perde las
colores
de la cara del hombre.
Se
quema como la brasa,
empeza a vender de
casa.
[1]
De aqui empeza la
causa
de atemarse
[2] el hombre.
Huie
en aquel instante,
le demanda casa
aparte.
Aqui empeza el
combate
de la mujer con el hombre.
Cuidados
por muchas bandas
empezan con las
demandas:
halebís
[3] puntas y randas
que lo destruian al hombre.
Cuando
tiene los cincuenta,
tiene dolores sin
cuenta.
La vejez que lo
apreta
y gobiernos del hombre.
De
sesenta ya empeza
a trocarsele la
fuerza.
Ya tiene el pie en
la fuesa.
¿Qué espera mas el hombre?
[p. 430] De setenta como loco
todos lo toman en
poco.
Se le aflaquece el
meollo
de la cabeza del hombre.
Se
le doblan los enojos,
se le nublan los
ojos.
Empeza a buscar
anteojos
para atinar al hombre.
Cuando
tiene los ochenta,
en un canton se
asenta.
De nada le hacen
cuenta
ni lo contan mas por hombre.
Los
noventa de en mento,
ni en cuenta os lo
meto.
Ya se conta como
muerto,
no se canta mas por hombre.
Si
todo esto sabemos,
¿en que nos lo
contenemos?
Si en riqueza
diremos,
no lo escapa
[1] al hombre.
Quien
quiere escapar de penas
haga bien con manos
llenas.
Téjuba
[2] y hechas buenas
es lo que escapan al hombre.
Y
todo esto no cabe
en hombre que ya
sabe.
Cuanto mas viejo
es, mas sabe;
cuanto mas viejo mas hombre.
Cuanto
mas se envejece,
mas y mas en séhel
[3] crece.
De ver sus caras,
parece
malahim
[4] en forma de hombre.
No
os rabeis
[5] tan presto,
porque hablo
deshonesto;
por mi hablo todo
esto,
no lo dije por ningun hombre.
Cuando el rey Nemrod
al campo salía,
miraba en el cielo
y en la estrellería.
Vido luz santa en
la Judería,
que había de nacer
Abraham abinu.
[1]
Luego a las
comadres encomendaba
que toda mujer que
preñada quedaba
la que pariere hijo
que lo matara,
que había de nacer
Abraham Abinu.
La mujer de Terah
quedo preñada.
De día en día le
preguntaban:
—¿De que
teneis la cara mudada?
Ella ya sabía el
bien que tenía.
En fin de nueve
meses parir quería.
Iba caminando por
campos y viñas.
A su marido tal no
le descubría.
Topó una meara,
[2] alli lo pariría.
En aquella hora él
hablaba:
—Andados de
mi madre, de la meara,
yo aqui topo quien
me hablara,
porque soy creado
del Dio bendito.
En fin de veinte
días lo fué a visitar.
Lo vido de enfrente
mancebo saltan (te)
mirando al cielo y
bien atentan (te)
para conocer al Dio
bendito.
—Madre la
preciada ¿que buscais aqui?
—Un hijo
preciado pari yo aqui.
Vine a buscarlo si
está por aqui,
si es que está vivo
me consolo yo.
—Madre, la mi
madre, ¿que hablas hablais?
Un hijo preciado
¿como lo dejais?
En fin de veinte
dias ¿como lo visitais?
Yo soy vuestro
hijo, creado del Dio.
Mirad la mi madre
que el Dio es uno,
el creó los cielos
uno por uno.
Decidle a Nemrod
que perdió su tino,
porque no quere
creer en el verdadero.
Lo alcanzó a saber
el rey Nemrod ésto.
Dijo: que lo
traigan ahina y presto
antes que desreinen
[3] a todo el resto,
[p. 432] y dejen a mi y crean en el verdadero.
Ya me lo trujeron
con grande albon.
[1]
Trabóle de la silla
un buen trabon.
—Di, raja,
[2] ¿porque te tienes tu por Dios?
¿Porque no queres
creer en el verdadero?
—Encended un
fuego bien encendido,
Echadlo presto
porque es entendido.
Llevadlo con
trabuco porque es agudo.
Si Dios lo escapa
es verdadero.
Echándolo al horno,
iva caminando,
Con los malahim iva
paseando.
Los leños fruto
iban dando.
De allí conocemos
al Dios verdadero.
Grande zehut
[3] tiene el señor Abraham abinu,
que por él
conocemos al Dios verdadero.
Grande zehut tiene
el señor parido
que afirma la mizva
[4] de Abraham abinu.
Saludemos ahora al
señor parido:
que le sea
besiman-tob
[5] este nacido.
Eliahu-Hanabi
[6] nos sea aparecido,
y daremos loores al
verdadero.
Saludemos al
compadre y tambien al moel.
[7]
Que por su zehut
nos venga el goël
[8]
y rihma
[9] a todo Israel.
Cierto loaremos al
verdadero.
[10]
53
A Yerusalaim, ciudad
estimada,
serrallos y mulkes
[11] y vicios dejaba.
Sueños de mis ojos
de mí se tiraba.
Allí daremos loores y alabaciones.
[p. 433] A Yerusalaim la ida sin vuelta.
Parece a la gente
que es a la vuelta.
Sabedlo que es una
gran revuelta.
Allí, etc.
A Yerusalaim la luz
de mis ojos.
Con ello dejamos
los nuestros enojos.
Con vida y salud
vean nuestros ojos.
Allí, etc.
A Yerusalaim lo
vemos de enfrente.
Parece a la luna
cuando está creciente.
Con ello dejamos
primo y pariente.
Allí darémos loores y alabaciones.
[1]
54
(Un
lúnes me levantí,—un lúnes por la mañana.)
Tomí arco en mi
mano—y ordení esta cantica,
también de la madrugada.
—Así viva el
nikokiri
[2] —que vaiga por la plaza;
que me merque
harina blanca—para hacer el pan de casa,
también de la madrugada.
El marido por la
puerta,—el enamorado por la ventana:
—Abridme, mi
blanca niña,—abridme, mi blanca dama,
también, etc.
Los pies tengo en
la nieve,—la cabeza en la helada.
—¡Ah! mujer,
la mi mujer,—¿a quién dais tanta palabra?
También, etc.
—Al mozo del
panadero—(que los malos años haga).
Harina no tengo en
casa,—levadura me demanda,
también, etc.
¿Dónde te escondo,
mi alma?—¿Dónde te escondo, mi vida?
Lo escondió en una
caja,—la caja era de pimienta,
también, etc.
El marido que
viniera,—el enamorado que estornudara:
—¡Ah! mujer,
la mi mujer,—¿quién estornuda en esta caja?
También, etc.
—El gato de
la vecina—que a los ratones alcanza.»
Tomó la balta
[3] en su mano—y rompió la linda
caja,
también, etc.
[p. 434] —¡Ah! mujer, la mi mujer,—yo
no vide gato con barba,
mostachico
retorcido—y zapatetica trabada.
También, etc.
Tomó la balta en su
mano,—la cabeza le cortaba.
Quien tiene mujer
hermosa,—que la tenga bien guardada.
Se la llevan de la
cama—y se queda él sin nada,
también de la madrugada.
[1]
55
Vos venid, mi dama, mi
cara de luna,
yo os diré coplas
ventiuna,
os las cantaré una
por una:
Como me kidearon
[2] a llevar el pato.
El pato tenía
vedijas de gordura.
Me topí fajando a
la creatura,
en año de hambre y
mucha secura.
Como, etc.
El pato tenía
plumas de colores;
por donde pasaba
dejaba olores,
yo me lo creí con
muchos dolores.
Como, etc.
El pato tenía pluma
amarilla,
yo me lo creí con
mucha alegría,
yo por este pato
quedí sin manilla.
Como, etc.
El pato tenía pico
colorado,
ya se lo comieran
con vino delgado.
¿Quién le culpa
esto? Lo culpa mi cuñado.
Como, etc.
Un día me fui para
la Castoría.
Vide mucha gente,
me torní vacía.
No tuví moneda,
vendí la manilla.
Como, etc.
Un día me fuí para
la plaza,
vide un morico con
un patico.
No tuví moneda,
vendí el librico.
Por este pecado no
comí un pedazico.
¿Cómo me kidearon a llevar el pato?
[3]
Oid
coplas nuevas por el mal de Francia,
Escritas con fuego
de alma y con mucha ansia.
Todo quien las oie,
cierto se enfastia.
Roghemos al Dio,
hermanos, que el es nuestro padre,
Se apiáde de sus
hijos y no se retarde.
Bendito su nombre
grande y alabado.
En los cielos y en
la tierra uno es mentado.
El que dá la llaga,
dá su cura al lado.
Roghemos, etc.
Se apiade, etc.
Grande milagro es
este que no se entendía:
Un reinado bueno
que había y se perdía.
¡Ay! que todo toca
a la Judería.
Roghemos, etc.
Se apiade, etc.
Desde que este
mundo fué acimentado,
no se tiene oíio ni
visto tal desbaratado.
De vez que la pénso
quéro ser atado.
Roghemos, etc.
Se apiade, etc.
¡Ah! que este mundo
fué en nuestra suerte!
Con mézonot
[1] no se burla, que es cosa muy fuerte.
Quien se embesa
bueno le viene la muerte.
Roghemos, etc.
Se apiade, etc.
Veneciano es este
que está en desparte.
El Turco no tiene
ni arte ni parte.
El Francés con
todos está en el combate.
Roghemos, etc.
Se apiade, etc.
Zaruret
[2] muy grande estámos llevando,
Mercaderes y
corredores y el esnaf
[3] llorando.
El gaste pujado,
los kiares
[4] cortádos.
Roghemos, etc.
Se apiade, etc.
[p. 436] Hébrot
[1] por afueras es cosa muy fuerte.
Va y viene y jura
que ya se mantiene,
y el que no tiene,
el Dio lo sostiene.
Roghemos, etc.
Se apiade, etc.
Todo
el que no tiene en Galata
[2] hecho,
va y viene a casa,
se escupe en el pecho.
Roghemos, etc.
Se apiade, etc.
Cuando
ya le sube la sangre a la cabeza,
Va y viene a casa,
a vender empeza.
Sale como loco, no
sabe lo que pensa.
Roghemos, etc.
Se apiade, etc.
Lágrimas
me corren como es un rio.
Cien mil gracias
oigo al dia, ni de una rio.
¡Ay! que todo esto
es un desvarío.
Roghemos, etc.
Se apiade, etc.
Mirad
que estamos en un mundo falso.
Cuando os veis uno
al otro, alargad el paso.
Dejad los zapatos y
huid descalzo.
Roghemos, etc.
Se apiade, etc.
No
nos conviene hablar de este modo,
porque todos
queremos comer a un modo,
todos nos queremos
vestir a un modo.
Roghemos, etc.
Se apiade, etc.
Salud
que nos dé el Dio por rellevarlo.
Dános la vida
segura para saportarlo.
Dános el bien
presto, el mal olvidado.
Roghemos, etc.
Se apiade, etc.
Azucar
y paño no se mete en tino.
Kermes y ropas
finas subieron al pino.
Esta mala guerra
cerra el camino.
Roghemos al Dio,
hermanos, que él es nuestro padre,
Se apiade de
nosotros y no se retarde.
[3]
[p. 437] Además de estos romances, consta la existencia de otros muchos entre los hebreos españoles de las comunidades de Levante. Algunos estarán ya olvidados sin duda, pero se han conservado sus principios por la circunstancia de haber sido acomodadas sus melodías a otros himnos religiosos en hebreo, a pesar del ceño con que siempre han mirado esta aplicación los más severos rabinos. En una de la colecciones de letanías rimadas que se conocen con el nombre de juncos (del persa jonq, harpa), manuscrito que posee A. Danon y que contiene muchos versos inéditos de Israel Nagara, poeta neo-hebraico de principios del siglo XVII, se ven notados, siempre con letras hebreas, los aires y las palabras de las canciones turcas, árabes, griegas y españolas, cuyas melodías adapta, procurando a veces imitar la rima, y valiéndose otras del procedimiento de la aliteración. De este manuscrito, que se remonta a 1641, ha entresacado Danon numerosos principios de romances, algunos de los cuales (los que indicamos de letra cursiva) corresponden a textos conocidos:
No sé qué iré, a dónde
iré...
Estábase la infanta...
Siempre
procurais, madre, de engañarme...
Si os juro, el mi
amor, que no tengo...
¡Oh qué lindo amor
que hay en esta villa...
Dama, así es la
razón...
Morenica, morenica,
galana y bella ..
Espera, espera...
Los ojos de la
blanca niña—no hacen sino llorar.
Doliente estaba Alejandro...
Barberico,
sácasme esta muela...
En copos de rama...
Par de la mar mis
amores...
Morenica, qué te
pone...
Soy triste
amador...
Ya que en estas
tierras—hay una doncella...
Yo estando en la mi
puerta...
Adobar, adobar,
caldero adobar...
La vida de los galeas—yo os la quiero contar...
Ea, digais los
veladores...
Alma mía, luz
del día...
[p. 438] Yo amara una doncella...
Desde que perdí el
mi amor, penas...
Hermano mío
querido—de qué lloráis y de qué vais perdido
—el
tino?—Lloro yo y me afino—que me aso y me traspaso,
y a mi dama no
alcanzo—la llamo, no me responde—la busco
y se me
esconde—y ahora no sé a dónde—toparé yo a mi...
Vente aquí, la mi
dama...
Ay, ay, cómo
haré...
A quien iré a
contar...
No puedo, mi
alma,—no puedo, mi vida...
Ay, ay! un
pajarico...
Malo estaba el
pastorico...
De la vuestra linda
novia...
¿Quién me conoce,
quién me conoce...
Yo me levantara un lunes...
Ea, llamábalo la
doncella...
Yo en este
mundo mucho caminaba—no sopí otro como tí....
Viejo malo en la mi
cama—a la fin no dormirá...
A las huertas donde
nacen las rosas....
Fuera va de
tino—el triste amador...
En la colección de los poemas de Nagara impresa con el título de Semiroth Israel (Venecia, 1600), se registran también los siguientes principios de canciones españolas:
Pase abajo, Silvana...
Ahora lo negáis,
señora...
Partisteis,
amigo...
Pártome de
amor,—que no lo puedo entender...
Gritos daba la pava
por aquel monte...
A las montañas, mi
alma,—a las montañas me iré...
Ay! decid, galana y
bella...
Linda era y
hermosa...
En sueño soñí, mis
dueñas...
Alba y
bicia, graciosa...
Un hijo tiene la
condesa...
Dulce sueño...
Alto y ensalzado...
Pregonadas son las guerras...
Ya se va el
invierno—y viene el verano...
Madre, un mancebico...
Ya se parten
las galeas....
Unas pocas de
palabras.
[p. 439] Del dialecto y literatura de los judíos de origen español han tratado modernamente Kayserling en su Biblioteca Española-Portugueza-Judaica, Strasburgo, 1890 (vid. una leve indicación sobre los romances, pp. X-XII, y una amplia colección de refranes al fin del libro), y M. Grünbaum, Judisch-Spanische Chrestomathie (Frankfurt, J. Kauffmann, 1896).
[p. 395]. [2] . Es frecuente en estos romances el cambio de p por f; desfavorida por despavorida, favor por pavor.
[p. 395]. [3] . Romance de asunto histórico romano, único hasta ahora en la tradición popular, pero que ha dejado vestigios en el nombre de Tarquino dado al forzador en algunos de los romances de Blanca-flor y Filomena, (núms. 17 y 18) y en el de Altamare (núm. 28.)
[p. 396]. [1] . Curiosísimo romance histórico, de asunto portugués. Se refiere, sin duda, a los amores del rey D. Fernando I de Portugal con Doña Leonor Téllez, mujer de Juan Lorenzo de Acuña, llamado el de los cuernos de oro, porque los ostentaba en la corte de Castilla, después que se refugió en ella, habiéndole robado el Rey su esposa. Versa sobre este argumento la comedia de Rojas, Coello y Vélez de Guevara. También la afrenta es veneno, y también se enlaza con tal asunto la novelita de A. Herculano Arrhas por foro de Hespanha.
Hay evidente parentesco entre este romance y los de Doña Isabel de Liar (nums. 103 y 104 de la Primavera).
[p. 397]. [1] . Esfuegra, suegra.
[p. 397]. [2] . Uerco (¿de Orco, tártaro o infierno, en el sentido de hombre perverso, demonio encarnado?).
[p. 397]. [3] . Eluenga, lengua.
[p. 397]. [4] . Es el romance de Blanca Flor y Filomena (21-22 de los asturianos, 17 y 18 de los andaluces), aunque muy abreviado y estropeado.
[p. 398]. [1] . Iardan o yerdan es palabra persa que quiere decir collar (A. Danon). El sentido es «te ahorcaré mañana con un cordón colorado».
[p. 398]. [2] . Estas dos versiones (en la segunda de las cuales se ha perdido el nombre de Andarleto), corresponden al romance de asunto merovingio Landarico (núm. 36 de nuestro Apéndice a la Primavera de Wolf).
[p. 399]. [1] . Embarabar acaso quiera decir enterrar juntos; en francés hay bière, ataúd, y en italiano bara, andas.
[p. 399]. [2] . La palabra turca rejal, derivada del árabe, designa a los grandes dignatarios del Estado; pero los judíos la usan en el sentido de hidalgo o caballero.
O que hijo, o que
hijo!—En noche de Pascua
me venisteis
visitar.—O que madre o que madre!
Al hijo tiene en la
lanza,—le demanda la cuestión.
Otro.
Porque con mi madre,—os cantaré un cantar.
[p. 399]. [4] . Mr. Danon interpreta esta palabra en el sentido de melodía, y la deriva de una voz árabe que significa división, repartición; pero más bien parece designar algún instrumento músico.
[p. 400]. [1] . Estos dos romances son de diverso asunto, pero tienen comunes los versos en que se habla del canto de la sirena. En el segundo romance estos versos, como ha notado el Conde de Puymaigre (a), corresponden casi exactamente a los de un romance portugués (Cantos populares do Archipelago Açoriano, págs. 249 y 252):
O rei que ia
passeando—cavallo mandou parar:
—Qué vozes do
ceo säo estas—que eu aquí ouço cantar?
Ou säo os anjos no
ceo,—ou as sereias no mar?
—Näo säo os
anjos no ceo,—nem as sereias do mar,
E dom Pedro
Pequenino—que meu pae manda matar.
(a) En una interesante carta a Mr. Moisés Schwab en la Revue des Études Juives, octubre-diciembre de 1896.
[p. 401]. [2] . Aunque muy estragado este romance, conserva una lección más completa del núm. 157 de la Primavera: «Bodas hacían en Francia».
[p. 401]. [3] . Gal (¿de cai, quai, cayos, en bajo latín caium?)
[p. 401]. [4] . ¿Aljama, mezquita?
[p. 401]. [5] . Pertenece al ciclo de los romances carolingios de Gaiferos (cf. número 173 de la Primavera).
[p. 402]. [1] . Estiedro, izquierdo.
[p. 402]. [2] . Está emparentado con el romance 12 de nuestro Apéndice a la Primavera: «Alabóse el Conde Vélez».
[p. 403]. [1] . Este curiosísimo romance es una transformación del tema clásico del juicio de Paris.
[p. 404]. [1] . Tanto este romance, como el anterior, son variantes del conocidísimo de «Doña Arbola» (asturianos 31 y 32, andaluz 23, etc.), y el primero conserva el nombre de Miralbella, que es Marbella en una de las variantes de Asturias.
[p. 405]. [1] Ebrijim, palabra persa que quiere decir hilo de seda (A. Danon).
[p. 405]. [2] . Dumen, palabra turca que significa el timón (A. Danon).
[p. 405]. [3] . Este romance se refiere al asunto clásico del rapto de Elena por Paris, y tiene analogía con el núm. 109 de la Primavera.
Que de vuestros fuegos—yo ya me así.
[p. 405]. [7] . Parece término corrompido de dueña.
[p. 406]. [3] . Palabra turca que significa vaso de flores.
[p. 406]. [4] . El verbo hervar, en la jerigonza hispano-judaica, equivale a herir.
[p. 407]. [1] . Diminutivo persa que quiere decir ruiseñor pequeño.
[p. 407]. [2] . En d dialecto de los judíos, bogo quiere decir paquete.
[p. 407]. [3] . Voz turca, de que se sirven los judíos de Turquía para desiguar el ataúd, y aun todo el cortejo fúnebre.
[p. 407]. [4] . Tanto por el metro como por el contenido, recuerda este romancillo los que suelen cantar los niños en sus corros.
[p. 407]. [5] . Del persa pabend, cadena.
[p. 408]. [1] . Este romance se deriva seguramente de los que se compusieron a la muerte del duque de Gandía (núms. 26 y 27 de nuestro Apéndice a la Primavera).
[p. 408]. [2] . Sarai, en persa y turco palacio.
[p. 408]. [3] . Es una variante del romance anterior, publicada con observaciones lingüísticas por D. A. Sánchez Moguel en el Boletín de la Real Academia de la Historia (tomo XVI).
[p. 409]. [2] . En dialecto judaico-español, enferma.
[p. 409]. [3] . Hay otra variante de este romance, de la cual Danon copia los versos que siguen:
Noche buena, noche
buena—noches son de enamorar.
¡Oh qué noche, la
mi madre!—no la puedo soportar,
dando vueltas por
la cama—como pescado en la mar.
Tres hermanicas
eran ellas—todas las tres en un andar.
Saltó la más
chiquitica de ellas:—Yo relumbro como el cristal.
Dormais, dormais,
mis doncellas,—si dormides recordad.
Mientras que sois
muchachas—guardados la mocedad.
Mañana en
casando—no os la dejarán gozar
En su primera forma, el romance judío recuerda el de «Rico Franco». (Primavera, 119), y los asturianos «Venganza de honor» y «La hija de la Viudina» (34-38).
[p. 410]. [1] . Mr. Danon deriva esta palabra del turco y dice que significa mancha. ¿No podría ser más bien corruptela del adjetivo bel (bello)?
[p. 410]. [2] . Este romance tiene reminiscencias del 185 de la Primavera: «Por la matanza va el viejo», y todavía más de la variante portuguesa de Tras-os-Montes, que publicó Almeida-Garret (pág. 240 de este tomo [Ed. Nacional, vol. IX, pág. 341]).
[p. 410]. [3] . Se fingió enferma.
[p. 410]. [4] . Es una mala variante de los romances asturianos de «Doña Urgelia» y «Doña Enxendra» (38-41), del portugués de «Doña Ausenda», etc.
[p. 411]. [1] . Hay también esta variante citada por Danon:
Tres palomas van
volando—en el palacio del rey.
Volan, volan y
posan—el palacio del rey.
La jugó el rey su
padre—al juego de ajedrés.
[p. 411]. [2] . Bel, palabra turca que quiere decir los riñones o los lomos, según A. Danon.—Este romance parece derivarse del de «Rico Franco». (número 119 de la Primavera).
[p. 412]. [1] . Palabra talmúdica, que quiere decir ingeniosa.
[p. 412]. [2] . Es canción lírica y moderna.
[p. 412]. [3] . Palabra turca que quiere decir gorra de paño.
[p. 412]. [4] . Casi inútil parece advertir que este romance es el popularísimo de «La esposa infiel», del cual se han recogido tantas versiones tradicionales en España.
[p. 412]. [5] . Combleza, manceba.
[p. 413]. [1] . Es una nueva y bastante apreciable versión de «Delgadina», que debe añadirse a las numerosas que en esta colección hemos recopilado.
[p. 414]. [1] . Es el romance de «Vergilios» núm. III de la Primavera).
[p. 414]. [2] . Dama, según la interpretación de A. Danon.
[p. 414]. [4] . Un lunar azul.
[p. 414]. [5] . El principio de este romance recuerda el de la «Infantina». Lo demás difiere y se asemeja más bien al de las señas del esposo.
[p. 415]. [1] . Palabra turca que quiere decir filigrana, según A. Danon; pero no parece que viene aquí muy al caso.
[p. 415]. [2] . Es una preciosa variante del romance asturiano de «Don Bueso» (núms. 16 y 17 de nuestra colección).
[p. 415]. [3] . Los judíos usan el verbo anticuado lazrar o lazdrar, en significación de procurar con ansia alguna cosa.
[p. 416]. [1] . Mi destino. Mazal es palabra hebrea.
[p. 416]. [2] . Palabra surca que quiere decir «panes.
[p. 417]. [1] . Es decir «tú que dilatas mi corazón de alegría».
[p. 417]. [2] . Es el tan conocido romance de «Flores y Blanca Flor», tradicional en Asturias, Montaña de Santander, Cataluña y otras partes.
[p. 418]. [1] . Este romance parece de origen judaico, y está compuesto con reminiscencias del Libro de Tobías y del Libro de Judit.
[p. 418]. [2] . Palabra persa que equivale a camarín.
[p. 418]. [3] . Un pañuelo. Destemél es palabra persa.
[p. 418]. [4] . De color de violeta: voz persa también.
[p. 419]. [1] . El principio de este romance recuerda el de «Yo me era mora Moraima». Lo demás difiere.
[p. 419]. [2] . Es una graciosa variante del romance «De una gentil dama y un rústico pastor» (núm. 145 de la Primavera), que también existe en la tradición popular de Andalucía.
[p. 420]. [3] . Palabra árabe que quiere decir los emisarios que trasmiten buenas noticias.
[p. 420]. [4] . Es el romance de «Don Martinos o de la doncella que va a la guerra», popular en Asturias, Portugal y Cataluña.
[p. 420]. [5] . Palabra turca que quiere decir la playa.
[p. 421]. [1] . Grifos del baño (en turco).
[p. 421]. [2] . Porcelana (en árabe).
[p. 421]. [3] . De tresaillir, francés. En otra variante, estremecerse.
Me parece notar parentesco entre este romance y el «de la guirnalda de rosas» (núm. 144 de la Primavera).
[p. 421]. [4] . A propósito de esta canción cita Puymaigre el romance portugués «O cego» (Romanceiro general de T. Braga, pág. 149.— Cantos pop. do Archipelago açoriano, pág. 373.— Cantos populares do Brazil , I, 349).
[p. 421]. [5] . Oropel, en dialecto judaico-hispano.
[p. 422]. [1] . Rosas. Es palabra persa.
[p. 422]. [2] . Granadas. También es voz persa.
[p. 422]. [3] . Esta jerigonza, entre turca y persa, quiere decir, según Danon, que el cuerpo de la muchacha es alto y esbelto como el ciprés.
[p. 422]. [4] . Misa está aquí por iglesia.
[p. 422]. [5] . Oca, peso otomano de 400 dracmas; 312 dracmas equivalen a un kilogramo.
[p. 422]. [6] . Leer o aprender.
[p. 423]. [1] . Palabra árabe que quiere decir torre.
[p. 423]. [2] . Palabras turcas que A. Danon interpreta un repaire d'hommes de sac et de corde.
[p. 423]. [3] . El amo o el dueño: palabra turca.
[p. 423]. [4] . Servilleta, en turco.
[p. 424]. [1] . Palabra turca, que equivale a pan de flor.
[p. 424]. [2] . Danon explica estos números diciendo que hay ocho días de bodas, y ocho desde el día del parto hasta el de la circuncisión.
[p. 425]. [1] . Esta composición y casi todas las que siguen no son romances, sino canciones líricas, de varias formas, pero se incluyen aquí tanto por su analogía métrica con el romance propiamente dicho, como por dar muestras de los diversos géneros populares que actualmente cultivan los hebreos oriundos de España. Esta canción y las tres siguientes son de las que suelen entonarse en los regocijos de las bodas.
[p. 425]. [2] . Raki, palabra turca con que se designa una especie de aguardiente. El principio de esta canción recuerda una sabida letrilla de Góngora:
Y las mañanas de
invierno
Naranjada y
aguardiente,
Y ríase la
gente.
[p. 426]. [1] . En dialecto judaico-hispano, leer. Danon la deriva de la palabra meliodare, que por su forma parece latina, pero que no consta en el glosario de Ducange.
[p. 426]. [2] . Palabra, en turco.
[p. 427]. [1] . Composición interesante por su forma métrica, que tiene analogía con el romance asturiano núm. 58, y con varias poesías populares de Galicia, antiguas y modernas.
[p. 427]. [2] . En turco, buen agüero.
[p. 427]. [4] . Ángeles, en hebreo.
[p. 427]. [5] . Este romance, enviado a Mr. Danon desde Salónica, pertenece al género de los que se cantan en la noche que precede al día de la circuncisión, noche que los judíos pasan en vela para preservar al recién nacido de las asechanzas de los espíritus de las tinieblas.
[p. 428]. [2] . Bendiciones, en hebreo.
[p. 428]. [3] . Esta especie de romance puede servir de muestra de los que se cantan para festejar el nacimiento de un niño. Los versos 3 y 4 están puestos sin duda en boca del recién nacido. Con la extraña frase de Señor parido se designa al padre de la criatura. Este romance procede de Salónica como el anterior.
[p. 428]. [4] . Esta composición humorística es seguramente muy moderna, e indica la triste decadencia a que ha llegado la musa judaico-castellana en las comunidades de Turquía. Parece que de estos versos con chistes como de almanaque se componen todavía bastantes.
[p. 428]. [5] . Se aveza, se acostumbra.
[p. 429]. [1] . Es decir, los muebles de la casa.
[p. 429]. [2] . Extenuarse o consumirse.
[p. 429]. [3] . Gorros de Alepo.
[p. 430]. [1] . Es decir: no le libra, no le salva de morir.
[p. 430]. [2] . En hebreo, penitencia.
[p. 430]. [3] . En inteligencia: es voz hebrea.
[p. 430]. [5] . Rabiéis u os enojéis.
[p. 431]. [2] . Del hebreo, caverna.
[p. 432]. [1] . Con muchos ultrajes. Del hebreo.
[p. 432]. [2] . En hebreo, impío.
[p. 432]. [3] . En hebreo, mérito.
[p. 432]. [5] . De buen agüero.
[p. 432]. [6] El profeta Elías.
[p. 432]. [7] . Al que circuncida.
[p. 432]. [10] . Poesía religiosa de carácter semilitúrgico. Es una mezcla de diversos Midraschim.
[p. 432]. [11] . En árabe, inmuebles.
[p. 433]. [1] . Se cantaba probablemente en la víspera de la partida de un peregrino para Jerusalén (A. Dannon).
[p. 433]. [2] . Voz corrompida de la griega ο&Δαγγερ;κοκὐρης : el amo de la casa.
[p. 433]. [3] . El hacha: es voz turca.
[p. 434]. [1] . Es una nueva forma del romance de «La esposa infiel». Parece moderna, y tomada de la décima novela de la quinta jornada de Boccaccio, quien a su vez la había imitado de Apuleyo (Metamorphoseon, IX).
[p. 434]. [2] . Es un verbo turco que significa forzar u obligar.
[p. 434]. [3] . No es fácil adivinar el sentido de esta macarrónica composición, que parece un juego de palabras para divertir a los niños. Infiérese de ella que los judíos españoles usan la frase llevar el pato, en significación de ser engañado o chasqueado, lo cual no difiere mucho de nuestra expresión familiar pagar el pato.
[p. 435]. [1] . En hebreo, subsistencia.
[p. 435]. [2] . Miseria, en árabe.
[p. 435]. [3] . Gremios o corporaciones. Es voz árabe.
[p. 435]. [4] . Beneficios. Es palabra turca.
[p. 436]. [1] . En hebreo, sociedad. Entiéndase aquí comercial.
[p. 436]. [2] . Arrabal de Constantinopla, que es el centro del comercio.
[p. 436]. [3] . Esta canción histórica, en que un judío se queja de lo mal que andaban sus negocios mercantiles fué compuesta, al parecer, en tiempo de la revolución francesa o de las guerras de Napoleón. Procura remedar la forma acróstica de algunos salmos, pero no resulta completo el alegato hebraico, sin duda por haberse perdido varias estrofas.