Romance
Gritando
va el cavallero,
Publicando su gran
mal,
Vestidas ropas de
luto
Aforradas en sayal,
Por los montes sin
camino,
Con dolor y
sospirar,
Llorando, a pie y
descalço,
Jurando de no
tornar
Adonde visse
mugeres,
Por nunca se
consolar
Con otro nuevo
cuidado
Que le hiziesse
olvidar
La memoria de su
amiga,
Que murió sin la
gozar;
Va buscar las
tierras solas
Para en ellas
abitar
En una montaña
espesa,
No cercana de
lugar,
Hizo casa de
tristura;
¡Que es dolor de la
nombrar!
De una madera
amarilla
Que llaman
desesperar,
Paredes de canto
negro
Y tambien negra la
cal:
Las tejas paso
leonas
[2]
Sobre tablas de
pesar;
El suelo hizo de
plomo,
Porque es pardillo
metal;
Las puertas
chapadas dello
Por su trabajo
mostrar,
Y sembró por cima
el suelo
Secas hojas de
parral,
Ca dó no se
esperan bienes
Esperança no ha de
estar.
En aquesta casa
escura
Que hizo para
penar,
Hace más estrecha
vida
Que los frailes del
Paular:
Que duerme sobre
sarmientos
Y aquellos son su
manjar:
Lo que llora es lo
que bebe,
Y aquello torna a
llorar,
No mas de una vez
al día,
Por más se
debilitar.
[p. 210] Del color de la madera
Mandó una pared
pintar:
Un doser de blanca
seda
En ella mandó
parar;
Y de muy blanco
alabastro
Hizo labrar un
altar,
Con cafora
[1] vitumado,
De raso blanco
frontal.
Puso el bulto de su
amiga
En él para le
adorar,
El cuerpo de plata
fina,
El rostro era de
cristal;
Un brial vestido
blanco
De damasco
singular;
Mongil de blanco
brocado,
Forrado en blanco
cendal,
Sembrado de lunas
llenas,
Señal de casta
final.
En la cabeça le
puso
Una corona real,
Guarnescida de
castañas
Cogidas del
castañal.
Lo que dize la
castaña
Es cosa muy de
notar:
Las cinco letras
primeras
El nombre de la sin
par,
Murió de veintidos
años,
Por mas lastima
dexar:
La su gentil
hermosura,
¿Quien que la sepa
loar?
Que es mayor que la
tristura
Del que la mandó
pintar.
En lo que él passa
su vida
Es en la siempre
mirar;
Cerró la puerta al
plazer,
Abrió la puerta al
pesar,
Abrióla para
quedarse,
Pero no para
tornar.
A la muerte del príncipe D. Alfonso
En modo de lamentación
¡Ah lágrimas tristes, ah tristes cuidados!
¡Ah graves
angustias, ah mortal dolor!
Tu te apareja,
discreto lector,
Leyendo mis llantos
tan amargurados.
Mortales singultos,
sospiros dobrados,
Dad fin a mi vida,
que es pena mayor,
Y quiebren mis
ojos, pues vieron quebrados
Los vuestros, ¡ah
prinçipe, nuestro señor!
¿Que fué de la
vuestra tan linda estatura,
Que tanto excedia
las otras del mundo,
La frente serena
del rostro jocundo?
¿Que fué de la
vuestra ermosa fegura?
¿A dó hallaremos a
la hermosura
De los vuestros
ojos tan mucho estremados?
Vayamos, seguidme,
oh desventurados,
Rompamos, rompamos
la su sepultura!
[p. 211] A ver si hallaremos sus muy sublimadas
Virtudes inmensas,
autos muy umanos:
A ver si hallaremos
sus muy lindas manos,
Por muchas merçedes
de todos besadas.
¡Oh fiestas
malditas, desaventuradas,
Que luego tan
presto vos aveis tornado
Em lloro el prazer,
en xerga el brocado,
Las danças en otras
muy desatinadas!
¿Adó vos llevaron,
oh nuestro plazer,
Que assi tan
apriessa, señor, vos partistes,
Que a vuestros
padres y cara mujer
Ninguna palavra
dezir-le podistes?
Ni a vuestro tio,
que tanto quisistes,
Cosa del mundo
quisistes oir;
Assi los dexastes a
todos tan tristes
Que fueron alegres
destonçes morir.
¿Que hará vuestro
padre, que assi vos amava,
Que dia ninguno
podia bevir,
Sin ver-vos naquel
entrar y salir,
Dozientas mil vezas
ado el estava?
El que de ver-vos
jamás se hartava.
¡Qué muerte tan
fiera le será el ausencia,
Desesperado de ver
la presencia
De aquel, que con
tanto reçelo criava!
¡Guay de la madre,
que vió tan aina
El bien de su vida
assi fenecer,
A quien solorgia,
saber, medicina,
Poder, ni riquezas
pudieron valer!
Quedó despedida de
jamás vos ver,
Ni de ver cosa que
no fuese pena:
¡O muerte maldita,
que más mal ordena
A quien en tal vida
dá permanecer!
¡O alta princesa, la más
virtuosa
Que vierem, ni
vieron jamás los umanos,
Del vuestro marido
sin fin deseosa,
Sin fin deseada de
los Lusitanos!
Nefanda fortuna y
casos mundanos
Por nuestros
pecados an deliberado,
De los vuestros
braços ser arrebatado,
Y puesto de donde
le coman gusanos.
¡O cuan disimiles
fueron y son
La vuestra venida y
vuestra tornada:
La una tan prospera
y tan sublimada,
La otra tan llena
de tribulacion!
[p. 212] De marmor por cierto es la condicion,
Que pudo sofrir ver
como partistes,
Si vido y se
miembra
[1] de como venistes,
De tan poco tiempo
tan gran mutacion.
¡O inclito duque!
el tu sentimiento,
Aunque escrevir
quisiesse mi pluma,
Es empossible que
sola la suma
Diga, si quiere
decir tu tormento.
Tus ojos nos
muestran que tu pensamiento
Jamás no se parte
de quien te partiste:
Aquel su tristeza
passó nun momento,
Y tú para siempre
ternás vida triste.
A tal desventura, a
mal tan crecido
Es inposible poder
consolar
Tu anima triste,
que tiene perdido
Abitáculo otro muy
singular.
Por cierto que
nesto no hay que dudar,
Que es conclusion
muy cierta y muy prima,
Que el anima
nuestra alli suele estar
Más donde ama que
no donde anima.
¡Cuan prospero
fuera quien fuera delante,
Por no ver la
cumbre de tanta tristura,
Y participara de su
sepultura,
Quien fue de su
cámara participante!
¡Tristes de
aquellos, que agora denante
Cantamos su boda en
leto conssorccio,
Ahora lloramos su
triste devorcio!
De uno al otro no
ovo un istante.
Fin
Qualquiera que
suffre tan grave manzilla,
No busque manera de
ser consolado,
No menos me escusa
aquesta obrezilha,
Pues lamentacion
sea intitulado.
Dios todo poderoso
ser deve rogado,
Que aquesta muerte,
que agora lloramos,
Que nos n'este
mundo da triste cuidado
Nell'otro nos cause
que allegros seamos.
[p. 213]
Cantiga
Despediste me, senhora
¿Vida mía, a do me
iré?
No biviré sola un
ora.
Cierto es que
moriré.
Hir-me-e
a tierras estranhas;
Alli tal vida haré:
Vida con las
alimañas,
Tal consuelo me
daré,
Altas bozes
bradaré:
¿Do esta la mi
senhora?
No biviré sola un
ora,
Cierto es que
moriré.
A una señora que le mandó que le escribiese nuevas suyas,
viniendo él de un camino que había hecho con ella,
quedando
ella en Castilla.
Que
yo cien bocas tuviese,
Y la voz fuese de
fierro,
Es inposible sin
yerro
Que mis angustias
dixese.
Y mandáis-me vos
aora
Mi triste vida
escrevir:
Es inposible
señora,
En dos mil años
dezir
Lo que sufro cada
ora.
Mas
que esto sea verdad,
Seguiré lo
acostumbrado,
Que es azer vuestro
mandado
Y nunca mi
voluntad.
Y pues de mi
perdimiento
Sois verdadero
testigo,
Vereis, que de mi
tormento
Mas de lo que puedo
digo,
Y menos de lo que
siento.
Desque
soy por mi fortuna
De vuestra vista
apartado,
Mi lecho fago
laguna
Llorando demasiado.
Y jamas cesan mis
males,
[p. 214] Ni mis cativos dolores,
Tan grandes, que no
sé cuales
Se puedan dezir
mayores,
Aunque sean
infernales.
Las
noches mi sentimiento
De claras faz
tenebrosas,
Y mi triste
pensamiento,
De pequeñas
espaçiosas
N'aquellas son
memoradas
Las mis angustias
crecidas,
Presentes como
passadas,
Por lo cual son mal
dormidas,
Maguer sean bien
lloradas.
No
cuento yo por pasion
Las lágrimas de mis
ojos,
Las cuales de mis
enojos
Han sido
consolación;
Mas a mi triste
memoria,
Pues ella me
desordena
Todo bien, toda
vitoria,
O con la presente
pena
O con la passada
gloria,
¡O
cuan bien aventurados
Son aquellos que
gustaran
El Leteo, pues
quedaran,
De sus hechos
olvidados!
Mas ya yo no
podería
Querer tal buena
ventura:
Ca, maguer mi
fantasía
Me dé vida con
tristura,
Sin ella no
beviría.
Porque
la pena presente
De algun passado
plazer,
Por grave que suele
ser,
Algo me dexa
contente.
Mas este
conocimiento
No me quita la
pasion,
Antes crece mi
tormento,
Sintiendo a mi
perdiçion
Cada ora
crecimiento.
La
vuestra forma excelente,
Que mi memoria
retiene,
[p. 215] Ante mis ojos se viene
Como si fuesse
pressente:
Y con esto mi
sentido
Y mi triste
entendimiento
Me dexa triste,
afligido,
Tan cercano de
tormento,
Cuan apartado de
olvido.
Cada
un dia yo imagino
Como n'aquel vos
miré,
Y la ora determino
En que estonçes vos
hablé,
Y digo lo c'a mi
ver
Me parece que
dezia,
Y no os viendo
responder,
Antes mi muerte
quería
Que tal pena
padecer.
Aquellos
lugares todos,
Do vos vi, y no vos
veo,
Por cien mil vias y
modos
Cada ora los rodeo,
Y pues lloro nel
lugar
Donde entonçes m'
alegré,
Vos deveis imaginar
Qué hare donde
lloré,
Que no vos
pued'olvidar.
Las
sierras por donde andamos
Ahora sin vos las
ando;
Alli donde
descansamos,
Alli muero
sospirando;
Los verdes prados y
rios
Es forcado
c'acrecienten
Tanto los dolores
mios,
Que no sé como se
cuenten,
Que no diga
desvarios.
No sé quién padecerá
Nel infierno más
tormento
Ni qué fuego
quemará
Mas que este
pensamiento.
¡O memoria de mi
bien,
Llorada noches y
días,
O vos, señora, por
quien
No creo que
Jeremias
Más lloró
Jerusalen!
[p. 216] La música que solía.
Mis cuidados
amanssar,
Agora multiplicar
Los ha fecho em
demasía.
Si digo alguna
cancion
Que disse naquellos
días,
Son en tanta
alteracion,
Que no las lágrimas
mias
Sufren
desimulacion.
De
amigos y de enemigos
Me es avido por
gran mengua,
El ser mis ojos
testigos
Contrarios de la mi
lengua.
Y pues cantar y
llorar
Me aconteçe cada
ora,
Deveis vos
considerar,
Si sin lágrimas
aora
Esto puedo
recontar.
Assi
que el tiempo presente,
Que sin vos me es
otorgado,
Es gastado
enteramente
Em llorar otro
passado.
Los lugares, a
c'amor
Me causan vuestra
presencia,
Todos llenos de
dolor
Los ha fecho
vuestra ausencia,
Que no pudo ser
mayor.
Fin
Para
que yo escriviese
Enteramente mis
daños,
Compliría que
biviesse
Grande multitud de
años;
Mas es mi vida
penosa,
Para mis males
sentir,
En extremo copiosa,
Y corta, para dezir
Pena tan
espaciosa.
[p. 217] Trovas sobre los siete pecados mortales [1]
Poderoso
rey, prudente,
Manifico, liberal,
En quien el çeptro
real
Está
dinissimamente;
Sobre señores
señor,
Muy omilde servidor
Del qu'el mundo ha
produzido,
De viçios nunca
vençido,
De enemigos
vençedor.
Como
yo la tu nobleza
Y virtud imaginase,
De cada cual su
grandeza
Mi juizio
perturbase,
En espiritu
arrebatado
Supitamente
llevado,
Sin saber en qué
manera,
Me fallé d'una
ribera
Y grandes montes
çercado.
Alli
dos caminos vi
C'a principio se
juntavan,
Y despues
afeguravan
El pitagorico y
Mas en tanta
alteraçion
Me fallé, c'a la
ssazon
Tuve nenguna
esperança:
Ca la súpita
mudança
Siempre causa
admiraçion.
Despues
que mi coraçon
Algun tanto reposó,
Y que mi sangre
ocupó
Su primera
abitaçion,
Sin saber lo que
facia,
Estuve parte del
dia
Los caminos
esguardando
Comigo mucho
dudando
Cual d'aquellos
seguiria.
El
de la parte siniestra
Era muy espacioso,
Llano, verde,
deleitoso
Y muy apto a la
palestra.
De fructífera
ribera
Y flor de mucha
manera
Se çercava y se
cobria,
De manera que
impedia
Claridad a la
carrera.
Era
el otro tan contrario,
Que dezir
[2] no se podria
Cuan oculto y
solitario
Cuesta riba
pareçia.
Era muy defectuoso,
Y a lugares dudoso
A quien fuesse
insapiente;
Mas a quien fuesse
prudente
Menos era
trabajoso.
Como
a nuestra umanidad
Es el malo mas
possible,
No por ser mas
elegible,
Mas por su
façilidad,
[p. 218] Caminé por el camino
Por do nuestro
padre vino
De su muger
engañado,
Cuando antepuso um
bocado
Al mandamiento
devino.
Andando
por esta via,
Despues de muchas
jornadas
Pareçio-me que
sentia
Bozes muy
desacordadas.
Oi muy tristes
gemidos,
Clamores muy
doloridos,
En sentençia
concordados:
Que los allí
condenados
No seriam
redemidos.
El
camino feneçia
En un pozo muy
profundo,
A donde vi que caia
La mayor parte del
mundo.
Alli era situado
El fuego
perpetuado,
De los mortales
tormento,
Que por bienes de
momento
Quieren mal
continuado.
Y
vi otras seis carreras
Nel pozo se
consumir,
Por las cuales vi
venir
Gentes de muchas
maneras.
Yo volver no me
podia,
Porque la gente
venia
De rondon, que me
llevava
De manera que
penssava
El mi postrimero
dia.
Al
fuego sin resplandor
Me fallava
condenado,
Si del divino favor
No fuera remediado.
Ca con gesto
prefulgente
Una donzella
exçelente
Vi al encuentro
venir,
A cuya forma
escrevir,
No seré
suffiçiente,
Aquesta, como ocupó
El logar dó yo
estava,
Del peligro me
libró
Tanto cuanto
deseava.
Mas yo, que a la
sazon
Con poca
dispossiçion
Tan grande bien
alcançé,
Le dixe, como diré,
La sussecuente
oraçion:
«O
clarisima vision
Sobre toda claridad
Careçe tu puridad
De toda
comparaçion!
A ti, cuyo
beneficio
Me libró de
preçepiçio
Y d'enfinitos
pesares,
Suplicio que me
declares
El tu nombre y el
tu offiçio.»
Muy
mansamente respuso:
«Divina Graçia me
digo,
Que sobre natura
sigo
A quien bien se me
dispuso,
No la que es gratis
data,
Mas aquella que
esbarata
Todo delito mortal,
Y la anima infernal
Ante Dios torna muy
grata.»
De
tal respuesta turbado
Y de coloquio tan
alto,
Despues que del
sobresalto
Me vi menos
alterado,
Le dixe: «divina
guía,
Pues sin justiçia
mia
Tanto bien se
m'ofreçe,
Aquesto c'aqui
pareçe
Pon en mi
sabidoria.»
«Aquellos
caminos dos»
Dixo, «que fallaste
luego,
El uno feneçe en
Dios,
El otro naqueste
fuego.
Y estas siete
carreras
Son otras tantas
maneras
De pecados
prinçipales,
[p. 219] Por do vienen los mortales
A inmortales
fogueras.
De
superbia y elaçion
Es el primero
camino,
Por donde Luçifer
vino
De la celeste
mansion;
Vinieron de Babilon
Con elato coraçon,
Sus grandes
fabricadores,
Y de Egipto los
mayores
Con el su rey
Faraon.
Por
aqui el rey Tarquino,
Postrero de los
Romanos,
Por aqui el grande
Nino
Qu'inperó los
Asianos,
Por aqui rey
Lamedon,
Destruido el Elion,
Por aqui Luçio
Sila,
Y con sus socios
Atila,
Vinieron al
Fregeton.
Y
muchos otros que fueron
Elatos naqueste
mundo,
Tanto cuanto acá
subieron,
Descendieron al
profundo.
Ca Dios ha
determinado
Que quien pone su
cuidado
En sobir cuanto
podrá,
Cuanto Dios puede,
será
Para siempre
derrocado.
D'avariçia
es el segundo,
Do las Arpias an
lugar.
Por donde van al
profundo
Los que adoran el
metal:
De Troya vino
Antenor,
De Traçia
Polinestor,
Con el rey Mida
Frigiano,
De Roma Domiçiano,
Postrimero
enperador.
Por
aqui vino Nembrot,
Que fué tirano
primero,
Y Judas Iscariot,
Que vendió Dios
verdadero;
El cual no fué
poseido
Del que lo uvo
vendido.
¡Ay de los sus
mercadores!
Mas d'aquel qu'em
sus dolores
Y sangre fue
redemido.
Que
todos los qu'escrivieron
En el mundo se
juntassem,
No creo que
numerassem
Los que por aqui
vinieron.
Si tanta generaçion
Ha venido en
perdiçion
Por esta çivil
miseria,
Es, porqu'ella es
la materia
De toda vuestra
ambiçion.
Los
que a Venus adoran
Por esta senda
terçera
Cada día se devoran
En infinita manera.
Pon aqui los
Sodomitas,
Y gentes casi
infinitas
Qu'inçestos muchos
fizieron:
Las cuales tan
muchas fueron
Que no pueden ser
escritas.
D'adulteros
multitud,
Multitud de
forçadores,
Que finarán su
salud
Con infinitos
dolores.
De los cuales
notaré
Algunos y pediré
Al señor de los
señores,
C'al escritor y
lectores
Asombre lo que
diré.
Por
aqui vino Aaman
C'a Tamar uvo
forçado,
I su ermano
Absalon,
D'Achitofel
consejado.
La madrastra
d'Ipolito,
Y Tolomeu rey
d'Egipto,
Y s'iscrivis
cuantos fueron,
Farás proçeso
infinito.
Anssi
concluyendo digo,
Que tanto a vuestra
naçion
Es este viçio
amigo,
[p. 220] Que no lo priva razon.
Ca el apostol
dizia:
... Muy impossible
sería
Que yo aya
continençia,
Si la divina
clemencia
Del cielo la non
enbia....
Por
aquesta cuarta senda
Vienen los
enbidiosos,
Que con agena
fazienda
Siempre biven
trabajosos.
Todos los mortales
viçios
Tienen dulçes
exerçiçios;
Pero la gracia se
seca:
Este cuantas vezas
peca,
Tantos tiene de
supliçios.
Enxemplifica
El
primero rey ungido
En el pueblo
d'Israel,
El primer ombre
naçido
Que fue llamado
cruel,
Y los fijos de
Coré,
Los primeros que se
cre
Que fuessen
detratadores,
Y los
cruçificadores
De Jhesu de Nazaré:
De
todo tiempo y lugar,
De todo estado y
naçion
No es possible
contar
Los que traxo esta
passion.
Porque aunque los
Umanos
Todos fuesen
escrivanos,
Y solamente
quisieran
Escrevir, nunca
pudieran
Los que traxo
cortesanos.
Y
por la quinta han venido
Muchas gentes al
caos,
Las cuales han
presumido
Que su vientre
[1] era su dios.
Toda comemoraçion
D'aquesta bruta
naçion
Se devería escusar,
Ni con los malos
cantar
Por cuanto
pessimos son.
Mas
para que se retrayan
Los umanos de
seguir
Aqueste viçio, que
cayam,
Estos puedes
escrivir:
Isaú seya el
primero,
Y luego su
compañero
Sardanapolo será
Luçio Luculo verná
Nesta cuenta por
terçero.
El
cuarto, y hum milon
D'aquestos
stescreveria,
Mas el proçeso
seria
Llamado Antichaton:
De prelados
solamente
Vino y viene grande
gente;
De los cuales yo
diria:
Que cual es la
perlaçia,
Tal es la gula
seguente.
Por
est'otra senda sexta
Vinieron los
airados,
Que d'otros siendo
enojados
An conssigo la
requesta.
Todo emperador o
rey,
Para bien juzgar su
grey,
D'ira deve ser
guardado:
Ca no ve la ley el
irado,
Mas es visto de la
ley.
Ca
contra todas las leis
Tiphon Osiris mató,
Y en partes vinte e
tres
El su cuerpo
dividió,
[2]
Porque a cada
conjurado
Su parte le fuesse
dado,
[p. 221] D'aquel qu 'era su hermano:
Un fecho tan
inumano
Por ira fue
conssumado.
Por
aquesta ha descendido
La fija de Pandion,
Que por culpa del
marido
Dio al fijo
puniçion.
Este fue muerto y
assado
De su madre, y
presentado
A su padre por
manjar:
La ira pudo causar
Hum fecho tan
çelerado.
Otros
muchos an venido
Y mugeres muchas
más:
Ca la vengança
sabrás
Que de fraqueza ha
naçido.
Ca Dios, de quien
se pregona
Que todo viçio
perdona,
Llamamos
onipotente;
Y aquel qu'es
inpotente
Nunca perdona
persona.
Por
la setima vinieron
Aquellos qu'en su
offiçio,
Dinidad, o
beneficio
Siempre negligente
fueron.
Yo llamo
negligentes
A los que son
diligentes
En los bienes
temporales,
Si de los
çelestriales
Tienen desviadas
mentes.
Por
aquesta desçendió
Candaulo, rey
lidiano,
Y Selenço,
siriano,
Que dos años
inperó.
Estos dos reis
coronados
Anssi fueron
descuidados
En los reinos que
rigieron,
Que juntamente
perdieron
Las animas y
estados.
Aquel
mal aventurado
Aurelio, rey
d'España,
Pues con angustia
tamaña
Será siempre
remembrado.
Por libremente
folgar
A Mares fue
tributar
Mucha moneda y
cavallos,
Y hijas de sus
vasalhos,
Qu'el deviera de
casar.
El
rey de Françia Grifon,
Hijo de Carlo
Martel,
Con un muy grande
tropel,
Olvidado a la
sazon.
Prelados, que
conssintieron
Que sus ovejas
paçieron
Todo lo qu'era
vedado,
Eterno tienen
cuidado,
Porque negligentes
fueron.
Por
estas carreras todas
Vinieron a
perdiçion
Aquellos todos que
non
Vistieron ropa de
bodas.
Los qu'en otro
abito son,
Solamente correçion
Reçibieron en su
vida,
Mediante su venida,
Por muy divina
infusion.
Mas, que sea
aqueste fuego,
Que tu miras,
infernal,
Que tu notes, yo te
ruego,
Qu'ella es pena
açidental.
Es el infinito mal;
Mas por razon
teologal
Te provariamos nos,
Que no ver el sumo
Dios
Es la pena
essencial.
Que cuanto Dios es
mejor
Que todas las cosas
buenas,
Tanto no ve-lle es
mayor
Que todas las otras
penas.
Mas esta razon que
fundo
Dexemos, pues que
en el mundo
Por çierta fé la
tuviste,
Y d'este camino
triste
Bolvamos a lo
jocundo.
[p. 222] Yo, que tanto queria
Ser libre d'aquel
logar
Callé, por no
inportar
Dilaçion a la tal
via.
Mas era tal la
carrera,
Que muy inposible
fuera
Venir al fin
deseado,
Si no fuera
sulevado
D'aquesta tal
conpañera.
Cuyo
coloquio divino
Anssi fallava
suave,
Que no se me fizo
grave
El aspérrimo
camino.
Porque cuanto más
andava
Más dispuesto me
fallava
Para siempre
caminar
Y solamente
canssava
Cuando dexava de
andar.
Subiendo
siempre venimos
A hum lugar
eminente,
De donde el mundo
presente
En sus partes
dividimos.
Demostró la
çeguedad
D'aquellos que
imperaron,
Si por tan poco
dexaron
La devina claridad;
Despues
que fuimos venidos
En la mas sublime
altura,
D'una muy verde
llanura
Nos fallamos
reçebidos
Vi cuatro rios
caudales,
Y d'arboles
singulares
Un infiinito
proçeso:
Un tan ameno
seçeso
Nunca vieron los
mortales.
D'alli
eran desterrados
Todos los
falleçimientos,
Qu'en todos cuatro
elementos
Son en el mundo
fallados.
El calor
primeramente
[1]
Templado
singularmente,
Mas que se puede
narrar,
Sin exceder, ni
menguar
Cosa que fuesse
noçente.
Era
perpetuamente
El aire
clareficado,
El sol en seteno
grado
Era alli mas
prefulgente.
Era tanto
resplandor
Sin exssesivo
calor,
Y sin frio
desmedido;
Mas el medio
posseido
Con muy suave
dulçor.
Las
riberas proferidas,
Que por el uerto
corrían,
De una fuente
naçidas
Una cruz
constituían;
Y la linfia, que
fluía
Tan clara que
pareçia
El suelo por do
passava,
La sed por siempre
matava
A quien d'aquella
bevia.
Toda
la tierra criava
Las plantas todas
frutíferas,
Y las yervas
odoriferas
Solamente
germinava.
Un arbor que se
nombrava
De la vida,
preestava
A la fuente qu'es
escrito,
Cuya fruta en
infinito
Toda fanbre
extenuava.
Mis
sentidos, deseosos
De tantos bienes
fruir,
De objetos tan.
gloriosos
No podía despedir.
Ca la conpañera mia
M'aquexava que
conplia
El camino açelerar,
Par'al castillo
llegar
Que delante
pareçia.
[p. 223] Despues que propinco a el
Me hizo mi
compañera,
Vi cuatro torres
n'aquel
Tocantes la prima
esphera.
En perpetuo
diamante
El titolo semejante
Sobre la puerta
dizia:
Que muerte no
gustaria
Quien alli fuesse
abitante.
La
primera torre entramos,
A donde por
tribunal
Una donzella
fallamos
Mas que umana,
angelical.
De gente muy
mesurada
Era siempre
acampanada,
Y era aquella
clausura
De perdurable
pintura
Sotilmente
matizada.
Alli
eran matizados
Los fechos que tu
formaste,
Con los cuales
anpliados
As los reinos
qu'eredaste.
El grande mar
Oceano
Mostrava ser a tu
mano
Con su ripa
somitido,
Y gran pueblo
convertido
De ereje cristiano.
........................................
[p. 209]. [1] . No ha de confundirse este poeta de fines del siglo XV con el gran prosista castellano del siglo XIV, D. Juan, fijo del Infante D. Manuel.
En el Romancero General se atribuye este romance a Juan de la Enzina, y se le titula El Mezquino Amador.
[p. 209]. [2] . En otras ediciones leonadas , y parece mejor lección.
[p. 210]. [1] . En otros textos canfora .
[p. 212]. [1] .En el Cancionero de Resende, niembra .
[p. 217]. [1] . En el Cancionero de Resende lleva el epígrafe siguiente: «Trovas que dom Joam Manuel, camareiro moor, fer sobre os sete mortaes, enderençadas a el rrey, as quaes nan acabou.
El rey de quien se trata es D. Juan, II de Portugal.
Hemos respetado la ortografía del Cancionero de Resende en todo aquello que no es evidente corruptela, nacida de la estrecha semejanza entre las lenguas castellana y portuguesa.
[p. 217]. [2] . En el Cancionero de Resende, «dizer».
[p. 220]. [1] . En el Cancionero de Resende, ventre .
[p. 220]. [2] . En el Cancionero de Resende, devido .
[p. 222]. [1] . En el Cancionero de Resende, primeiramente .